Natalicio
Cuentos del Natal
“Padre, si quisiera yo nacer otra vez dónde habría de hacerlo”, se interpeló a sí mismo Dios. “Belén no”, se contestó, porque un portal entre escombros no es bueno para un niño. “¿Y si le damos la razón a los locos y nacemos en Queens?”, pero el Espíritu Santo reaccionó con un aleteo, como a quien repugna la perfidia de un cabrón. “¡Tal vez Leningrado!” exclamó el Padre con gesto despótico y marchamo de abusador, pero Belcebú asomó sus moscas y fue tal el hedor que los Tres contestaron a Una un “¡No!”. Hagamos al Niño en Bilbao...
… el problema es que, como todo lo ven, un Dios vasco montando a caballo por dehesas del Sur parecía más un cuadro de pintor cutre y, por supuesto, no cuadra la fe con el arte basura. “Voz” es lo que necesitamos dijo otra vez Belcebú y su peste peor, pero el Trino vomitó porque a la divinidad el mal repugna y de su basca se hizo otro Universo y decidió ocuparse de él, dejando a la Tierra que se fagocitara a sí misma. Estallaron las guerras y toda la Humanidad se fue al carajo y vio Dios que era bueno, mientras un alienígena era el inicio de todo en otra dimensión, con su portal, una especie de buey, algo como una burra y una explosión nuclear señalando precisamente la nueva Bethlehem.
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