De Huerta Grande a la Avenida de España. La nueva red de apoyo de la X MAS (y II)

LOS ITALIANOS DE LA DÉCIMA

Giulio Pistono era el eje sobre el que basculaba el conjunto de la estructura de apoyo a la Décima en el Campo de Gibraltar

A la vista de las fotografías de la época, residió en la Casa del Comandante, donde cuatro décadas más tarde residió Milans del Bosch tras su implicación en el 23-F

Giulio Pistono junto a la piscina de su residencia en Pelayo en la que, según Remognino, se probaron muchos de los equipos de respiración empleados en las misiones desarrolladas contra Gibraltar durante los años 1942 y 1943.
Giulio Pistono junto a la piscina de su residencia en Pelayo en la que, según Remognino, se probaron muchos de los equipos de respiración empleados en las misiones desarrolladas contra Gibraltar durante los años 1942 y 1943. / E.S.
Alfonso Escuadra

16 de noviembre 2022 - 03:00

Esta circunstancia hace que no se pueda descartar que la adquisición de la villa donde residía en la primavera 1942 y desde la que se podía controlar tanto el Estrecho como la Bahía de Algeciras, incluido el puerto de Gibraltar, se hubiese efectuado siguiendo instrucciones y con el apoyo financiero del SIS. De hecho, la información proporcionada hasta entonces por sus observaciones, había alimentado muchos de los informes que diariamente se transmitían a Roma, bien desde su propio domicilio, bien desde la sede del viceconsulado italiano de Algeciras, bajo cuyo paraguas actuaba.

Estos informes habían resultado esenciales para el desarrollo de las operaciones de asalto que la Marina de Guerra italiana venía desarrollando contra la Royal Navy en Gibraltar. Sin embargo, no había sido este el único servicio que Pistono había prestado hasta entonces. Tras el armisticio italiano de 1943, el Servicio de Inteligencia británico le identificó como uno de los agentes que se habían ocupado de recoger a los operadores de maiali que, tras atacar Gibraltar, salían a la playita situada junto al hotel Príncipe Alfonso, facilitando así su repatriación por vía aérea. Ello refuerza la posibilidad de que fuese su nombre el que se ocultara detrás del misterioso Agente N que, según se menciona en los informes oficiales de la Regia Marina, había recogido a los ejecutores de las operaciones desarrolladas en 1940 y 1941. No debe extrañar pues que, confundido por estos servicios, algunos agentes británicos llegasen a considerarle un oficial de la Regia Marina.

Se trate o no del Agente N, lo cierto es que la figura de Pistono era el eje sobre el que basculaba el conjunto de la estructura de apoyo a la Décima en el Campo de Gibraltar. De entrada, existen multitud de evidencias que indican como, a través de su persona y en ocasiones sirviéndose de su propio domicilio, los servicios secretos italianos llegaron a mantener contactos, tanto con los responsables del Abwehr alemán, como con algunas de las figuras clave de las Fuerzas Armadas españolas y sus servicios de información en la comarca.

En la primavera de 1942, el cambio de táctica decidido por el Estado Mayor naval italiano en sus operaciones contra Gibraltar, con la consiguiente organización y puesta en funcionamiento de las nuevas bases, supondría un notable incremento en la que, hasta ese momento, habían sido sus responsabilidades. Ya que Villa Pistono, como su residencia sería conocida en el entorno de aquella estructura secreta, iba a ser utilizada como punto de recepción y alojamiento de los operadores y buceadores de combate, así como lugar de descarga y almacenamiento del material y los equipos destinados tanto al Olterra como a Villa Carmela.

Desde allí, los traslados hasta las nuevas bases iban a realizarse en automóviles pertenecientes a residentes en la comarca, en camiones alquilados en Algeciras, siempre con matrículas de Cádiz o Málaga, o incluso en un taxi cuyo conductor español terminaría figurando en los listados de agentes enemigos recopilados por el MI-6 en los años finales de la guerra. La mayor parte de los envíos destinados al Olterra llegarían hasta el navío camuflados como material para las reparaciones en curso. Mientras los destinados a Villa Carmela lo hicieron escondidos entre los muebles y el carbón necesarios para equipar la nueva residencia de los Ramognino.

Curiosamente, dentro del complejo de Huerta Grande, la propiedad que se viene presentando como la residencia de Pistono y por lo tanto, relacionada con la red que sostuvo las acciones de la X MAS en la comarca, es la denominada Casa del Espía. Una curiosa construcción con cubierta de pizarra, cuyo estilo reflejaba los gustos nórdicos de quien había sido su propietario, uno de los noruegos que en 1914 habían llegado a Algeciras para trabajar en la conocida como Ballenera Española; empresa que, a pesar del nombre, era de capital noruego.

El chalet ubicado en el número 98 de la Avenida de España identificado por el MI6 británico como el domicilio de Teniente italiano Pietro Hamed Venanzi, de cuya labor como agente se beneficiaría tanto la Decima como la Regia Aeronautica italiana.
El chalet ubicado en el número 98 de la Avenida de España identificado por el MI6 británico como el domicilio de Teniente italiano Pietro Hamed Venanzi, de cuya labor como agente se beneficiaría tanto la Decima como la Regia Aeronautica italiana. / E.S.

Pero se da la circunstancia que esta Casa del Espía, arquitectónicamente tan singular, no se corresponde con la que, en varias fotografías de la colección de Antonio Ramognino, este identifica como la villa donde residía Giulio Pistono en 1942. Como es fácil apreciar en las imágenes que acompañan este capítulo, el lugar donde el agente italiano aparece junto a su mujer es la terraza situada junto a la fachada oeste de la que hoy se conoce como Casa del Comandante, situada unos veinte metros al norte de la supuesta Casa del Espía; el mismo inmueble que, cuatro décadas más tarde y durante unos meses, serviría como alojamiento vigilado al Teniente General Jaime Milans del Bosch, Capitán General de la 6ª Región Militar, tras su implicación en el 23-F.

Se trata de una vivienda estilo andaluz construida a principios de siglo, de dos plantas y cubierta de tejas a dos aguas. La entrada principal se encuentra en la fachada sur, a la que se accede tras cruzar un arco sobre pilares y rodear el edificio hasta llegar a una terraza limitada con parterres. Al fondo de esta, tras subir varios peldaños, se llega al nivel donde se encontraba y se encuentra uno de sus elementos más característicos: la magnífica piscina que, según Antonio Ramognino, sería repetidamente utilizada para probar el funcionamiento de los equipos de respiración de los assaltatori. La vivienda contaba con un espacioso salón con chimenea y varios dormitorios. A la planta superior se podía acceder por una escalera exterior que también daba acceso a una segunda terraza con vistas al norte y cubierta en su día por una pérgola. Bajo esta terraza, había un espacio, muy útil en aquellas circunstancias, toda vez que podía ser utilizado como almacén o garaje.

Curiosamente, por estas fechas, la red de agentes de la Inteligencia italiana en la comarca se amplió con la llegada de un aviador de cuarenta y seis años, veterano de la Primera Guerra Mundial que se había reintegrado al servicio como oficial de la Regia Aeronáutica a mediados de los treinta. Su nombre era Pietro Hamed Venanzi. Es bastante poco lo que se sabe de él, más allá de que había sido colaborador de la revista Nazione Militare o que, por aquellas fechas, había sido enviado al Campo de Gibraltar para realizar tareas de información.

Según fuentes británicas, Venanzi trabajaba para la nueva red de la Marina y de hecho, a su llegada a esta zona había permanecido varios días alojado en El Buen Retiro. Más adelante, fijaría su residencia en un magnífico chalet de tres plantas ubicado en el número 98 de la Avenida de España de La Línea; a tan sólo unas decenas de metros de donde tenía su domicilio el máximo responsable del servicio de información del Alto Estado Mayor español en la comarca. Desde su espacioso ático, Venanzi disponía de una de las mejores perspectivas para controlar cuanto sucedía en la Bahía, el puerto de Gibraltar o la cara Noroeste del Peñón.

“Villa Venanzi” en la actualidad.
“Villa Venanzi” en la actualidad. / E.S.

Es posible que, tal como apunta su condición de oficial de la Fuerza Aérea, su presencia aquí estuviese relacionada con la ofensiva aérea contra Gibraltar que ese año la aviación italiana emprendería sirviéndose de los cuatrimotores Piaggio. Pero hay ciertos indicios de que también prestó apoyo a las acciones de la Décima MAS, no pudiéndose descartar su concurso como conductor en los traslados en automóvil de los operadores supervisados por Pierleoni.

No obstante, fuentes británicas desclasificadas hace unos años mencionan que el chófer habitual de este agente era un tal Rosso. Un informe del Estado Mayor naval italiano fechado en julio de 1942 permite asegurar sin lugar a dudas que Roberto Rosso era quien se ocultaba tras el nombre clave de S.U. 8 con el que Pierleoni identifica al agente que, en muchas ocasiones a lo largo de 1942 y 1943, le había servido como conductor en esos traslados; un agente al que, tal vez dejándose llevar por el ámbito de cercanía en el que trabajaron, Pierleoni no dudó en incluir en su relación de “pilares” de su red, destacando de paso, la enorme habilidad que desplegaba a la hora de sortear los puestos de control españoles.

De lo que no existe la menor duda es de la identidad del cuarto de estos “pilares”. En el informe basado en sus declaraciones y como siempre sin identificarle, Pierleoni lo había descrito como un inventor que, con la excusa de su esposa enferma, había alquilado Villa Carmela. Realmente no hace falta dar más detalles. La persona que figura tras el nombre clave de I. 108 no es otro que Antonio Ramognino, el promotor de las nuevas bases secretas, inquilino de Villa Carmela y del que ya se ha dado cumplida referencia en un capítulo anterior.

Sólo queda apuntar que, cuando Pierleoni estuvo hablando sobre estos agentes, a los que califica como los cuatro pilares de la nueva estructura de apoyo logístico de la Décima MAS y cuya identidad se acaba de revelar, se había olvidado de mencionar la existencia de un quinto. Tampoco hacía falta ya que, a través de sus declaraciones se hace más que evidente que el principal responsable del funcionamiento coordinado de la misma era el propio capitano Piero Pierleoni.

Por otro lado, es más que posible que, antes incluso de lanzarse a buscar una base permanente en tierra o levantar toda esta red de apoyo, la Marina tuviese más que claro el uso que pensaba hacer de ella. En este punto se impone recordar que, descartado el uso de lanchas torpederas y de los llamados barchinis, las operaciones de la Décima ejecutadas hasta entonces contra Gibraltar habían estado confiadas exclusivamente a los maiali; uno de los medios de asalto naval más pesados y cuyo despliegue en secreto desde un emplazamiento terrestre era poco menos que un imposible. Por otro lado, aunque, tanto Borghese como Giartosi hubiesen asegurado a Ramognino que esta nueva base sería utilizada para desplegar su nuevo invento, todos eran conscientes de que su Battello-R no estaba aún en condiciones operativas. Sin embargo, basándose en el contenido de los últimos informes, se había abierto una nueva posibilidad.

El propio Ramognino había podido comprobar cómo, a causa de las distintas profundidades que registraba el fondo de la Bahía, los cada vez más numerosos mercantes aliados que se refugiaban en ella a la espera de formar convoyes, se veían obligados a fondear en una franja situada entre los dos kilómetros y los cuatrocientos metros de la costa. Ello los dejaba dentro del radio de acción de los nuotatori del denominado Gruppo Gamma, una pionera unidad de buceadores de combate que acababa de integrarse como nueva especialidad dentro de la X Flottiglia MAS.

Ramognino estaba convencido de que, sirviéndose de su Battello-R, estos podían alcanzar los navíos enemigos anclados en el arco noroccidental de la Bahía. Pero, dado que a este aún le faltaban algunos meses para entrar en servicio y que a la base secreta del Olterra aún le quedaba mucho para estar acondicionada, el Estado Mayor de la Marina italiana había concluido que sólo existía una manera de reanudar el acoso contra los intereses aliados en Gibraltar. Esta pasaba por estimar las últimas sugerencias de los responsables de la Décima y servirse de Villa Carmela para atacar los mercantes surtos en el arco nororiental de la Bahía. Había llegado la hora de movilizar a los llamados Uomini G.

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