Real Balompédica Linense - Malmoe | La crónica

(0-1) La Balona cae ante el Malmoe en un amistoso bronco y deslucido

  • Los juveniles Juan Ramos, Mai y el guatemalteco Estrada se alienean con los locales

  • Rafa Navarro se reivindica y Robador detiene una pena máxima

  • Kibamba acaba en la caseta tras recibir un fuerte golpe en la cabeza

David Robador detiene el penalti lanzado por Rieks David Robador detiene el penalti lanzado por Rieks

David Robador detiene el penalti lanzado por Rieks / Rafa Cerpa

A estas alturas del curso, afortunadamente para su parroquia, ya se ha perdido la costumbre de ver perder a la Balona. Y hasta cuando por lógica le toca hacerlo, fuera de la liga y ante un rival de la Europa League, el conjunto de La Línea se muestra competitivo, pejiguera. Los albinegros cayeron este miércoles ante el Malmoe por 0-1 en un partido demasiado bronco por parte sueca para lo que aquí se entiende como un amistoso. Hay que entender que los jugadores del conjunto celeste preparan el decisivo duelo del próximo jueves, en el que se juegan su futuro europeo en el presente curso nada menos que en el campo del Beşiktaş, pero incluso así, se les fue la mano.

La Balona, o mejor un equipo de la Balona, cayó a manos del Malmoe. El resultado, como siempre en este tipo de partidos, es absolutamente irrelevante. Y más aún si se tiene en cuenta que hasta siete futbolistas del equipo albinegro, de los que suelen entrar en los planes de Roger, se entrenaron antes del amistoso y no participaron en el mismo.

Por eso en el once estaban dos juveniles, el canterano Juan Ramos, que no se dejó amedrantar ni cuando la cosa se puso fe, y el guatemalteco Estrada, que dejó pinceladas, pero que acusa su lógica falta de ritmo después de cuatro meses sin competir.

Además estaba en ese once un Rafa Navarro que aprovechó la coyuntura para poner sobre la mesa que igual ese ostracismo al que se ve relegado sea un poco exagerado.

Con un alineación cogida con alfileres el equipo albinegro volvió a demostrar que tiene tan inculcado el espíritu guerrero, solidario, que aun siendo lógicamente inferior, no se deja arrollar por un rival que en el primer periodo formó con un once que, según afirman los periodistas que le acompañan, será muy similar al que afronte el duelo con el Beşiktaş.

En ese periodo los suecos sí que controlaron el juego. Y no solo eso, sino que la Balona, que defensivamente no era la de otras tardes hizo varias concesiones y lo más normal hubiese sido que la diferencia a favor del Malmoe al descanso hubiese sido más amplia.

En el 17' llegó el 0-1, en una acción en la que Soren Rieks se alió con la fortuna, porque su disparo tocó en Rafa Navarro En el 19' un gol justamente anulado por fuera de juego. En el 22' Robador realizó su primera gran parada del encuentro aliándose con el larguero. En el 24' Lasse Nielsen estrelló un cabezazo en el poste y en el 38' Robador volvió a demostrar que la Balona tiene un porterazo en el banquillo (ya lo hizo cuando tuvo que jugar en Liga), al detener una pena máxima lanzada con muy mala leche por el autor del único tanto de la contienda.

El punto negro de este primer periodo fue una agresión con el codo de Oscar Lewicki a Ahmed que acabó con el hispano-argelino por los suelos. El árbitro no solo no se enteró sino que su actitud ante las protestas del banquillo balono sonó a tabernaria.

En la segunda parte con el carrusel de cambios el juego bajo muchos enteros. De hecho Robador no tuvo que hacer ni una sola parada más. Tampoco la Balompédica disfrutó de ocasiones. En los de casa entró ocho chaval, Mai, que está obligado a espabilar en lo que a conceptos de grupo se refiere o se le pasará el arroz.

Los jugadores de casa empezaron a preocuparse más de protegerse de las tarascadas de algunos de los del Mamoe (especialmente de Gall, que vio la amarilla a la cuarta) que de proyectarse en ataque. Todo eso con la complicidad de un colegiado totalmente desbordado por la realidad.

En uno de esos encontronazos Kibamba, que no es precisamente sospechoso de quejarse a la primera, se desplomó en el suelo después de recibir un golpe en la cabeza. Acabó en el vestuario, mareado. No parece que revista más importancia, pero el trencilla tampoco pareció percibir lo que sucedía y el congoleño se enfadó y mucho.

Lo mejor, el pitido final. No está la Balona para ir dejándose gente por el camino en partidos que no conducen a nada. Y en La Línea hace años que ver a un rival como el Malmoe en el Municipal dejó de levantar pasiones.

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