Campo chico

Susarte, la Villa Vieja y El Chumbo

  • Susarte emigró a Algeciras, donde acabó mendigando y murió a espaldas de La Palma, en 1738

  • Las dos peñas, El Chumbo y Miguelín, se preocuparon por los más necesitados

La peña El Chumbo.

La peña El Chumbo. / J. M. Contreras

En San Roque, donde la figura del cabrero Simón (Rodríguez) Susarte, es muy conocida, se dice que la expedición militar que al mando del coronel Figueroa se propuso expulsar de Gibraltar a los invasores, a poco de que tomaran éstos la plaza, no sólo fracasó por la falta de ayuda que, no obstante haber sido acordada, debiera haber sido prestada por mar a los expedicionarios, sino también porque fue escaso el número de soldados –que unos sitúan en unos ciento cincuenta y otros en quinientos– que accedieron, viniendo de Ceuta, al pie de la Roca y menos los que la escalaron. El caso es que la misión resultó fallida, si bien el coronel sobrevivió a los acontecimientos. También logró salvarse Simón Susarte y su memoria ha quedado en el nombre de una barriada y en el de un parquecillo muy céntrico de San Roque adonde una escultura del recordado Nacho Falgueras, sobre un boceto del gran imaginero sanroqueño Ortega Bru, inmortaliza la figura del valiente gibraltareño.

Simón nació y creció en el Gibraltar anterior a 1704, en una familia que se vio obligada a salir al no aceptar, como la inmensa mayoría de sus habitantes, la autoridad del aspirante a la corona de España, archiduque Carlos de Austria, que fue en nombre de quien se invadió la plaza. Carlos sería, poco después, en 1711 y hasta 1740, el último emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, del que tiempo atrás lo fuera también Carlos I de España y V de Alemania; el César Carlos, como se le conoce en algunos sectores de la literatura especializada. De hecho, el archiduque pertenecía a la Casa de Habsburgo o de Austria, la casa reinante en España, de la que era miembro el fallecido rey, Carlos II. Tenía por lo tanto, un motivo para reclamar para sí el trono, así que se autodeclaró rey con el nombre de Carlos III. Más artificial, en lo que atañe a la proximidad familiar, era la pretensión de Francia, Inglaterra y Holanda, de que quien reinara en España fuera el nieto de Luis XIV, Felipe; pero era el que señaló Carlos II en su testamento. El conflicto tenía contenido para generar una guerra de sucesión a nivel europeo, aún siendo como aparentemente era, un asunto interno. La guerra se prolongó desde 1701 hasta 1715 y nos costó Gibraltar y otras muchas cosas.

Aquel patriota que guardó cabras y pastoreó por la cara este del peñón, conocía palmo a palmo las veredas por las que se podía andar por sus empinadas paredes y se ofreció para conducir a los militares que se habían propuesto recuperar el Peñón. Los españoles de Gibraltar habían optado masivamente por la legitimidad de Felipe de Anjou, de modo que al ser tomado el territorio en nombre del archiduque Carlos, optaron por abandonar su pueblo, su casa y sus enseres. Y nuestro hombre emigró finalmente a Algeciras, donde acabó mendigando y murió pobre y marginado, en la calle, a espaldas de la iglesia de La Palma, en 1738, con sesenta y dos años. Había nacido en 1676, en el seno de una familia de pastores, cuando en la Roca pastaban unas pocas cabezas de ganado, y desde niño anduvo abriendo caminos y descubriendo pequeñas estancias para sus cabras en las laderas de la Roca. En los tiempos en que San Roque estaba gobernado por políticos que tenían la recuperación de Gibraltar como una cuestión de Estado y sentían ser la sede de Gibraltar en el exilio, los próceres quisieron recordar en sus calles la hazaña de Susarte y así crearon unas referencias a su memoria.

Ruta de Susarte y Figueroa. Ruta de Susarte y Figueroa.

Ruta de Susarte y Figueroa.

Ninguna otra localidad del arco de la Bahía, ha acogido el nombre del pastor en su geografía urbana, ni siquiera Algeciras, que fue su ciudad durante muchos años y en la que murió mientras sus paisanos se afanaban en su socialización y pensaban en una alternativa civil al Hospital Militar que ya existía en la calle Imperial o del Convento. Las primeras instalaciones del Hospital de la Caridad se abrirían al uso en 1752, apenas tres lustros después de la muerte de Susarte. Curiosamente en estos días, el Ministerio de la Vivienda ha firmado con varios alcaldes andaluces sendos acuerdos que van a permitir rehabilitar más de dos mil viviendas en sus municipios con un presupuesto de casi cincuenta millones de euros. Entre ellos están Algeciras y San Roque y en esta última ciudad va a ser precisamente la barriada Susarte la beneficiada. Se da la circunstancia de que en Córdoba el lugar de actuación se llama Parque Figueroa, aunque no sé si el nombre tiene que ver con el del citado coronel que rotula la calle de la Villa Vieja.

Unos cuantos algecireños de grata memoria han tenido que ver con ese corazón triangular de la Villa Vieja, en el que desemboca la calle Coronel Figueroa y uno de cuyos lados lleva el nombre que tradicional y popularmente se le da a la zona: Rayos X. Ricardo Carretero tuvo allí un bar en el que destacaba una fotografía mural de Luis Suárez, el épico futbolista del Barcelona C.F., tirando un penalti. Suárez ha sido el único español que ha alcanzado (1960), el Balón de Oro del fútbol mundial y el primero en ser traspasado a un club italiano. Gallego de nacimiento empezó en el Deportivo de la Coruña y terminó su vida en Milán, adonde llegó como jugador del Inter, a instancias del mítico entrenador argentino Helenio Herrera, y en donde se integró por completo en sociedad. Los entendidos lo consideran como el más grande futbolista español de todos los tiempos y lo sitúan a la par con Kubala, uno de los más celebrados mitos de la historia del fútbol. Ladislao Kubala era de origen húngaro, había nacido en Budapest en 1927, y llegó a España, huido de su país, rodeado de leyendas en torno a su procedencia y en plena “guerra fría”. Procedía de más allá del “telón de acero”, donde el inmenso mundo tutelado por la Unión Soviética. Era como se denominaba a la frontera entre la Europa capitalista y la comunista.

La Villa Vieja. La Villa Vieja.

La Villa Vieja.

Ricardo Carretero fue un emprendedor extraordinario, generoso y trabajador. Aquel bar de los Rayos X, en la calle Cuatro Vientos, fue su primer negocio y el inspirador, con el nombre de Cervecería Ricardo, de su negocio de hostelería ambulante con el que recorría las ferias de los alrededores. Comerciante de frutas y verduras en la Plaza, feriante, promotor inmobiliario y sobre todo una figura importante en el comercio del juguete –fue el fundador de la Juguetería Rial, en la calle Prim– eran los referentes más visibles de una vida animada por una capacidad de iniciativa poco común. Fue el segundo de los tres presidentes que sucesivamente convirtieron la peña El Chumbo, en uno de los centros de socialización más importantes de nuestra historia reciente. De una extracción modesta, Ricardo, con la ayuda de su esposa, llegó a convertirse en un notable empresario. La peña nació de los vecinos que se reunían regularmente alrededor del colmado de Olimpia, luego convertido en tienda. Enfrente, un poyete que sirve de base a una construcción y se constituye en altillo sobre la plazuela, era muy utilizado por los muchachos de la zona a modo de lugar de encuentro.

La placa del Chumbo. La placa del Chumbo.

La placa del Chumbo.

Tres presidentes de El Chumbo, Antonio Marín Matías, conocido popularmente por su segundo apellido, Ricardo Carretero Herrera y Abel González Cordón reúnen en sí mismos la historia de una iniciativa fundamentada en una causa noble, la de ayudar a un paisano con no demasiada salud, Fernando Balongo, a salir adelante con un puesto de chumbos plantado en la plazuela. No sé si también fue presidente de la peña, Antonio Quintero Romero, que da nombre al Parque Feria, pero en todo caso contribuyó a que la peña se integrara con gran éxito en la Feria de Algeciras, donde permanecería a lo largo de casi cuatro décadas. Sus carrozas fueron muy celebradas, sobre todo cuando se pudo contar con la valiosa colaboración de Agustín Campos El cohetito, al que llamaban así por su costumbre de retirar la envoltura transparente de los paquetes de cigarrillos, colocársela en la mano izquierda y con la derecha, haciendo de soplillo, echar aire al interior para, inmediata y violentamente, aplastarla generando eso, un cohetito.

El poyete donde se concibió la peña El Chumbo El poyete donde se concibió la peña El Chumbo

El poyete donde se concibió la peña El Chumbo

Una placa de cerámica en el salón, recuerda los nombres de quienes avalaron personalmente, el crédito que permitió comprar la magnífica sede de la peña en la plazuela triangular de la Villa Vieja. Entre ellos hay un Francisco Sánchez Gómez que no sé si es Paco de Lucía. Cuenta, en una página de Aepa2015, el inolvidable José María Contreras, que “la peña se legalizó en 1971, y los socios fundadores fueron entre otros: Abelito González, Antonio Quintero, Ricardo Carretero, Antonio Marín, Augusto Vizcaíno, Agustín Campos, José Punchá y Alfonso Amorós”. Todos ellos personas de bien que hicieron mucho por la habitabilidad social de nuestra ciudad. Las dos peñas por excelencia de Algeciras, El Chumbo y Miguelín se preocuparon por los que más necesitaban compañía. Las visitas de la Pastorada en Navidad, al asilo de San José, acercaban las tradicionales rondallas a los ancianos en un tiempo en que apenas si se dejaban ver en nuestras calles. El recuerdo de aquella gente maravillosa, de Ricardo y de Abel, sobre todo, sigue estando conmigo cuando mejor me siento.

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