La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

La prisión permanente

Un debate tan trascendental como el de la prisión permanente revisable ganaría en profundidad y rigor si los partidarios de esta pena no vieran a los detractores como cómplices de los asesinos e insensibles ante el sufrimiento de las víctimas y si los enemigos de esta especie de cadena perpetua no necesariamente perpetua no consideraran a los otros unos justicieros demagogos ávidos de venganza. Quizás no es posible un debate así, de argumentos enfrentados con serenidad, respeto y convicción en la buena fe de los otros, en la España actual.

No tendría por qué ocurrir eso, como no ha ocurrido en los demás países de nuestro entorno en los que se ha discutido, y aprobado, esta figura sancionadora en el Código Penal, que son la mayoría. Polémica y conflicto hubo, porque el asunto es polémico y conflictivo, está cargado de electricidad emocional y afecta a los derechos humanos y la paz social, pero no la tensión y la división con que la vive la sociedad española, pilotada por su clase política. No hay nada que nos guste más que una buena trinchera con un odioso enemigo enfrente.

El caso es que este conflicto político, aunque entreverado de intereses electorales y con la lucha por el poder como inevitable telón de fondo, tiene un carácter nítidamente ideológico. Los partidos combaten esta vez por sus principios. La izquierda (PSOE, Podemos) es coherente con su apuesta por la reinserción de los presos, en una tradición que resumió Concepción Arenal ya en el siglo XIX: "Odia el delito y compadece al delincuente". Quieren derogar la prisión permanente revisable pese a que no pueden no saber que esa postura les restará votos. Los socialistas, además, lo viven con particular desgarro, porque el caso fractura a la militancia, y no digamos al electorado. Podían haberse colocado de perfil esperando a que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre su recurso y sin apoyar la derogación, pero han puesto los principios por encima de la conveniencia.

Lo contrario de Ciudadanos, que ha pasado de un día para otro de apoyar la derogación a enmendar la ley para ampliarla, por pura búsqueda de rédito electoral. En cuanto a la derecha más conservadora, también se ha atenido, como la izquierda, a su concepción tradicional. En su caso, de agravar las penas y reprimir con severidad los delitos. No ha cambiado de bando.

Bueno, pero ¿qué piensa de verdad este tío de la prisión permanente revisable?, dirá alguno. Calma, eso vendrá mañana.

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