El Trasmallo

pedro manuel espinosa

Maleni

Hay Madres y madrecitas. Madres con mayúsculas, y mujeres que tienen hijos. Lo bueno de las primeras, de las Madres que nunca dimiten, es que son tan grandes que recogen bajo sus alas a pandillas enteras. Por eso, cuando su cuerpo deja este mundo casi sin avisar, ves llorar a los hijos de su vientre pero también a los otros, a todos los que dejaron atrás la pubertad para convertirse en adultos mientras seguían invadiendo ese chalet sin cerrojos que prometía interminables tardes de juegos, risas y charlas. Esos que, lejos de tomar otro rumbo, volvían cada verano a buscar la sombra de un árbol con olor a madera y a humo de barbacoa. Las Madres, cuando son Madres con mayúsculas, son capaces de dormitar en un sofá por el simple placer de ver felices a sus hijos de verdad, a sus nietos de verdad, pero también a sus otros niños, a los que no dio su sangre ni sus apellidos pero sí su cariño. Esos que tampoco te olvidarán nunca Maleni.

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