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Burgueña: game over

  • K.O. La Balona toca fondo en Los Cármenes y la directiva hace oficial hoy la destitución del técnico Corto Los albinegros cuajan el peor partido de la temporada y merecen una derrota más amplia Contratiempo Alberto se lesiona en el minuto 21

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El Nuevo Los Cármenes de Granada se constituyó ayer en la última parada de José Luis Burgueña en su paso por el banquillo de la Real Balompédica. La directiva que encabeza Alfredo Gallardo ha convocado rueda de prensa "urgente" en la mañana de hoy para hacer oficial lo que desde anoche es un secreto a voces: que no puede seguir manteniendo al técnico vasco en su cargo.

No sólo se trata, y ya sería motivo más que suficiente, de las quince jornadas sin conocer el triunfo que encadenan los albinegros, ni de su condición casi perenne de farolillo rojo, es que ayer, además, ofreció una imagen de colista falto de ilusión, resignado a su suerte. Una situación que, como poco, precisa de un incentivo. O tirar la toalla a voz en grito.

En la historia que finalizó ayer, la Real Balompédica se consumó como el bálsamo perfecto para los equipos en crisis. Los de La Línea continúan aferrándose a la última plaza de la tabla y se despeñan hacia Tercera división, que cada vez se antoja más cercana. Con lo que costó salir de ella.

Los albinegros, que ayer cuajaron su peor encuentro desde que regresaron a la Segunda división B el pasado mes de junio, encajaron una derrota que incluso debió ser más amplia, porque el resultado no refleja la superioridad de los que comanda un ex balono, Pedro Pablo Braojos.

La retaguardia de la Balona sigue dando muestras de su incapacidad para cumplir con sus cometidos (ya sea defender o intentar sacar el balón con cierto criterio), su centro del campo carece de creatividad y las ocasiones las malogran por una acuciante falta de calidad. Y así es complicado, muy complicado, salir del pozo.

El pitido final, que supuso un alivio para los visitantes, se convirtió para los de casa en la primera victoria después de ocho semanas de sequía. Un dato que revela que los albinegros son la panacea para los problemas ajenos.

En los primeros compases predominaron los nervios de dos equipos que se sabían al borde del abismo. Mucha precipitación, muchas imprecisiones por ambos bandos y escasas oportunidades de peligro, aunque Félix Campo tuviera que jugarse el físico ante Copi en el 18'.

A los 21' llegó el primer contratiempo. Apenas unos minutos después de caer lesionado, el central visitante Alberto tuvo que dejar el terreno de juego, en beneficio de Borja Sánchez.

Burgueña se vio obligado a reestructurar todo su dibujo, retrasando a Juli Ferrer a su puesto natural, colocando a Jorge Herrero (hasta entonces en el lateral izquierdo) como mediocentro y a Zurdo como lateral, un puesto en el que volvió a naufragar.

Los retoques no surtieron efecto y el partido se siguió desarrollando por los mismos derroteros hasta que a diez del descanso el Granada dio el paso adelante, se hizo con las riendas y, cómo no, en una jugada que nació a balón parado, llegó el 1-0.

Uno de esos goles que se denominan psicológicos porque llegan momentos antes del intermedio.

Y a fe que debió serlo, porque el regreso al terreno de juego después del descanso fue un calvario para el equipo de José Luis Burgueña, absolutamente desquiciado y falto de colocación.

El Granada golpeó una, dos, tres veces a una retaguardia incapaz de frenar las acometidas del rival. Hasta que Altuna hizo el dos-cero, que tenía un innegable sabor a sentencia. Otra vez en una jugada que nacía de un saque de esquina. Otra vez con la defensa haciendo aguas.

Después de eso el conjunto de Pedro Pablo Braojos se volvió conservador, sabedor de que tenía en la buchaca tres puntos muy importantes.

La entrada de Nacho Fernández se constituyó en la única noticia positiva del encuentro para los visitantes, ya que el canterano dejó destellos de mucha calidad, no exenta de máxima entrega. Pero eso, aunque dio origen a algunas ocasiones de riesgo para el marco de Félix Campo, no fue suficiente para que los visitantes acortasen distancias.

Menos, mucho menos, aportó la entrada del argentino Enzo Noir, que está completamente desconocido.

En el tramo final el Granada le entregó el esférico a la Balona, pero para entonces el de La Línea ya era un equipo con los brazos bajados, con pinta de desahuciado. Burgueña se marcha hoy sin haber podido celebrar una victoria con la Balona, que está ya a ocho puntos de los puestos de permanencia.

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