El terror según Almodóvar

  • El realizador manchego estrena hoy en España, tras hacerlo en Francia y el Reino Unido, 'La piel que habito', con Antonio Banderas, Elena Anaya y Marisa Paredes.

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La rentreé cinematográfica de septiembre se viste de gala con un estreno español que ha levantado gran expectación: se trata de La piel que habito, el largometraje número 18 de Pedro Almodóvar, que llega a las carteleras como el título estrella de la semana junto a Cowboys & Aliens, una película de aventuras en las que Daniel Craig y Harrison Ford son dos vaqueros que se enfrentan a una invasión extraterrestre.

Hace tiempo que Almodóvar dejó de venderse con la transgresión y de llegar a las proyecciones de sus cintas en camiones de basura, como en los felices 80, y prefiere confiarse a los suplementos dominicales. Es un reflejo de su evolución como cineasta. En su momento, supo aprovechar el ser estandarte de la movida madrileña y convertirse en un portavoz de la modernidad, que se vendió como la salida de la nueva España democrática que abandonaba la caspa del franquismo. Tuvo la suerte o la habilidad de no convertirse en un maldito como otros y no se quedó en ninguna casapuerta.

Fue su época gamberra, con títulos como Entre tinieblas, Laberinto de pasiones y los filmes que lo encumbraron, ¡Qué hecho yo para merecer esto! y Mujeres al borde de un ataque de nervios. Pero entre medias hubo dos filmes que empezaron a mostrar la deriva que tomaría su cine a partir de los 90, como fueron La ley del deseo y Matador. En ellos la comedia se eludía a favor del melodrama, donde sus grandes referentes, Douglas Sirk y Fassbinder, tomaban el mando. Almodóvar empezó a salir de los bares modernos y poco a poco fue convirtiéndose en un artista.

Sus películas cada vez cayeron más en una grandilocuencia que caló hondo en Europa y que mantuvo su mito de creador, pero su cine cada vez era más hueco. Siempre sensible a los cambios de la veleidosa fortuna, el manchego más universal desde El Quijote se dio cuenta de que ya no tenía que pensar en los cines de la Gran Vía, sino en los de los Campos Elíseos. De hecho, La piel que habito se ha presentado antes en Francia -también en el Reino Unido- que en España. No sorprende: la historia de amor con el país galo se advierte ya en la constante presencia de Almodóvar en Cannes, desde que presentara Todo sobre mi madre. Aunque la Palma de Oro se le resiste, el certamen donde ha presentado también La mala educación -que proyectó fuera de concurso en la inauguración de la cita-, Volver, Los abrazos rotos y La piel que habito le ha otorgado premios a la mejor dirección y el guión. Este año, su último trabajo se hizo con el Premio de la Juventud.

A pesar de tanto bombo internacional, el oro empezó paulatinamente a dejar de relucir. Película a película, han ganado terreno las voces que osaban cometer la herejía de decir que el rey estaba desnudo. Los abrazos rotos marcó un punto de inflexión, cuando ya se le atacó abiertamente. Es un misterio por qué de repente los críticos que antes le glorificaban le negaron el pan y la sal, como si todos los defectos que le achacaban a este filme -guión inverosímil, situaciones poco creíbles, personajes delirantes- fuesen nuevos y no estuviesen ya en sus aclamadas obras de los 90. Pero Almodóvar, como ya se dijo, sabe otear el viento, y se ha dado cuenta de que hace falta un cambio estratégico. Por eso hay un replanteamiento en La piel que habito.

Por segunda vez en su carrera, tras Carne trémula, adapta un material ajeno, la novela de Thierry Jonquet Tarántula. La historia de un mad doctor que hace experimentos y una de sus víctimas parece una excusa para una de estas historias de amores al límite y bizarras que tanto le gustan al manchego, que de algún modo vuelve a los tiempos de Átame, uno de sus títulos más recordados y celebrados. Y no sólo por la temática del psicópata que secuestra a sus amores, sino porque repite protagonista, el malagueño Antonio Banderas, que tras dos décadas probando la aventura americana vuelve al cine español por la puerta grande. Banderas debe estar cansado de figurar más en las páginas del corazón que en las de cine y quiere que su carrera, más bien alicaída -su mejor personaje ha sido el Gato con botas de Shrek, que por cierto tiene película propia que se estrena en noviembre- se reactive con su viejo compinche Almodóvar.

El actor da vida en esta película a un cirujano plástico cuya mujer muere víctima de graves quemaduras tras un accidente de tráfico. Obsesionado con que podría haberla salvado, se encierra en su casa solariega para crear un nuevo tipo de piel que es sensible a las caricias a la vez que es una coraza contra todo tipo de agresiones, trabajando con las técnicas celulares. Banderas tendrá un duelo interpretativo frente a Elena Anaya, dentro de un reparto que cuenta con otras actrices como la veterana musa almodovariana Marisa Paredes, y las jóvenes Barbara Lennie y Blanca Suárez. También hay papeles secundarios para cracks como José Luis Gómez o Eduard Fernández.

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