Tarifa-La Borriquita

El cielo se abre a las doradas palmas del Domingo de Ramos

  • La Borriquita pasea dedicando su primera levantá a la recordada Carmen Gómez Mora

Cuando el Domingo de Ramos abraza la primavera se hace el génesis del sentir cofradiero en quienes un día serán las mujeres y los hombres que cargarán con sus cristos y sus vírgenes en la Semana Santa más meridional de Europa. Así, el templo de San Francisco de Asís, la Plaza del Ángel donde se eleva hacia el cielo el campanario cuyo teñir señalan el inminente inicio de la Pasión de Cristo, es atalaya de la fe de los mayores transmitida en los capirotes verdes y las túnicas inmaculadas de quienes de la mano de sus padres, recorren el incipiente camino abierto delante de sus pies como inicio de la Semana Santa local e inicio de sus propias creencias religiosas.

Las cinco de la tarde lorquiana, es folclore andaluz de un pueblo que cada primavera se tira a la calle para ver el desfilar de sus imágenes que encierran el propio sentir de cada uno. Y Tarifa no es esquiva en ese sentir, como ayer volvía a constatarse cuando las puertas del templo de San Francisco se convirtieron en amanecer de Pasión en el bullicio de tarde de Domingo de Ramos.

A pesar de que los partes meteorológicos apuntaban agua a esas horas, el cielo se despejó y los rayos de sol iluminaron la plazoleta inundada de aromas de incienso al refulgir de la Cruz de guía, Ángel anunciador de la procesión de la Borriquita a cuyos lomos el Cristo Rey, triunfante parece dejar entrever en su monalisada sonrisa, que es fiel conocedor del aciago futuro que le sobrevendrá en escasas horas. Y es que el paso de la Borriquita no es un paso de alto valor artístico, pero atesora ser e único paso de la Semana Santa que desborda alegría a su paso. La que le trasmiten sus 24 costaleras que a las órdenes de sus capataces José Enrique Marín Cerrudo y Salvador Relinque dedicaron su primera levanta a la figura de la hermandad mayor del Santo Sepulcro y antigua costalera del paso Carmen Gómez, fallecida hace pocos meses.

Emocionado el inicio de un procesionar feliz precedido por el centenar de diminutos penitentes acompañados de sus familiares que pusieron el jolgorio a la tarde en el acompañar del bello grupo escultórico de Olot adquirido en el año 1944 por la hermandad que desfilaba en sus orígenes con María Santísima de La Paz, hasta que en el año 1984 la cofradía se independizara de la del Nazareno. A la imagen de Jesús le acompañan dos imágenes de niñas hebreas recuperada una de ellas de un penoso estado por el restaurador tarifeño Francisco Terán Santander y de la figura de San Pedro.

Con paso aprendido tras años de cargar el paso de misterio, las costaleras fueron ganando adoquines y salvando las peligrosas esquinas del entramado de calles del casco antiguo para a adelantándose a la hora prevista alcanzar la Carrera Oficial sobre las seis de la tarde, en una calzada repleta de gente animada tras la mejora del tiempo. El paso de La Pollina engalanado con pequeñas calas blancas completaba así la mitad de su estación penitencial.

El paso precedido de sus pequeños penitentes enfiló el tramo de calles del barrio viejo y a los ritmos de la Banda de Cornetas y Tambores Jesús Nazareno de Alcalá de los Gazules, ganando la fachada del castillo de Guzmán el Bueno para desembocar de nuevo en la calle Santísima Trinidad para regresar sobre las siete de la tarde a su templo donde la última levantá fue dedicada a quien durante años fuera hermano mayor, Luis López Púa.

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