Luis Tosar. Actor

"Hay que valorar las modas en su justa medida: todas se acaban"

  • El intérprete protagoniza junto a Mario Casas y José Sacristán 'Toro', el 'thriller' de Kike Maíllo que inauguró el Festival de Málaga. También tiene en cartelera 'Cien años de perdón'.

Evoca Luis Tosar (Lugo, 1971) una escena de Toro en la que su personaje, López, disfruta su recién estrenada condición de millonario en una escena rodada en la playa, con un paraguas viejo a la manera de palio: "Disfruté especialmente esa escena. Tuvimos tiempo, así que improvisamos todo el texto. Originalmente era mucho más larga, hubo muchas emociones ahí". El protagonista de títulos como Los lunes al sol, La flaqueza del bolchevique y Cien años de perdón, que aún colea en la misma cartelera a la que se incorporó la semana pasada Toro (el thriller de Kike Maíllo que inauguró el Festival de Málaga), desgrana las claves de su oficio con pedagógica clarividencia.

-Tanto Kike Maíllo como sus compañeros de reparto reivindican que Toro es, además de un thriller de acción, una película de personajes. ¿Cómo construyó usted al atípico matón López, el más complejo de todos?

-Con López tuve la sensación desde el principio de que ya lo conocía, de que me sonaba de algo. En las primeras escrituras del guión lo reconocí ya, de hecho, como si me hubiera cruzado con él alguna vez. A partir de ahí empezaron a venirme a la cabeza personajes que terminaron de alguna manera componiendo a López. Yo vivo en Santiago de Compostela y allí hay mucha gente de este estilo. No es que estén metidos en mafias, ni nada de eso; seguramente no serán tan revirados, pero sí se dan un cierto aire, una estética romántica caduca que llevan a lo vital. Viven en un tiempo que ya no es el suyo, como esa gente que tuvo su gloria en los 80 y que luego pasaron a resistir como podían. Por lo general son tipos de bastante talento, lo que pasa es que nunca han llegado a eclosionar, ese talento no se ha manifestado en nada en parte porque ellos mismos son su propio tiro en el pie. Además son vividores natos y un poco estafadores. Desaparecen de buenas a primeras y luego vuelven a aparecer sin que se les espere. Sí, López es uno de éstos. Eso sí, es el único que parece dispuesto a aprender y a poner en práctica la lección.

-En el guión llama la atención la sentencia de Romano, el personaje al que interpreta José Sacristán: "España es un país de malos hermanos". ¿En qué medida el cine español, como reflejo de la sociedad a la que se dirige, es también un medio cainita?

-El cine es un mundo muy poco agresivo en el fondo. A menudo se piensa lo contrario, pero creo que esto es una rémora del pasado. Al mundo del cine y del espectáculo en general se le atribuyen ciertas perversidades que vienen de antiguo, pero la realidad es que todo esto ha cambiado mucho. Aquella distribución tan jerárquica ya no existe. El cine se ha popularizado, ya no hay aquel ambiente tan clasista del que yo pillé un poco cuando empezaba. Entonces veías a gente que estaba muy por encima del resto, el productor era un señor con un puro que se asomaba a los rodajes de vez en cuando y era el que manejaba el dinero, pero el presente no tiene nada que ver. Lo habitual hoy es que nadie haga ostentación de nada, al contrario, siempre se procura que los actores protagonistas estén mezclados con el equipo, y de hecho algunos hacemos un poco de proselitismo con esto, porque nos parece importante que sea así. Hoy hay mucho apoyo entre productoras, pero es que sería muy difícil rodar películas de otra manera. Además, para hacer cine actualmente partimos de la base de que, o tienes apoyos, o estás jodido. Si le das una puñalada a alguien te la estás dando a ti mismo. No te negaré que hay cierta competencia, pero es muy sana; ha habido algunos éxitos importantes en el cine español en los últimos años y la gente quiere ir en esa dirección, pero eso no se traduce en deslealtades. Como mucho puedo advertir una competencia más feroz entre medios de difusión y canales, pero incluso ahí creo que se trata más de participar que de otra cosa.

-¿Se considera usted suficientemente explotado como actor por el cine español? Y que conste que me refiero a sus posibilidades.

-Sí, desde luego, sería muy desagradecido si dijera lo contrario. He tenido suerte con los proyectos a los que he tenido acceso. Hombre, uno siempre pone algo de su parte, intentas trabajar siempre lo mejor que puedes y también procuras acertar cuando escoges. Es más, creo que lo que mejor he hecho en mi vida ha sido tomar algunas decisiones. Pero claro, si he tomado decisiones es porque he tenido la oportunidad de tomarlas, porque me han ofrecido cosas entre las que he podido escoger. Si no hubiera podido elegir la historia habría sido muy distinta, y justamente ése es el problema de no pocos actores de enorme talento de este país, que no reciben ocasiones para proyectar todo lo que son capaces de hacer. Yo soy un afortunado en mi profesión.

-Aun así, ¿a qué personaje histórico o literario le gustaría interpretar ante la cámara?

-No suelo pensar en eso. Es más, ni siquiera me paro a pensar en lo que me gustaría hacer, porque al final es bastante frustrante. No me gusta estar esperando algo que no sé si va a llegar. Y luego, bueno, nunca he tenido al alcance un proyecto relacionado con un personaje concreto, histórico o como sea, que me atrajera lo suficiente como para intentar levantarlo e ir a por él. Hay proyectos que me atraen, que queremos poner en marcha con nuestra productora incluso, pero no por un personaje sino por el proyecto en sí. Pero, además, en el caso de que el personaje apareciera, todo pasaría por elaborarlo después. De hecho, he pasado por episodios de historias que de entrada me han apetecido mucho pero que luego ya en el guión no han terminado de estar bien. Prefiero que lleguen las cosas, verlas, que te sorprendan, que te toquen alguna fibra y te convenzan de que es buena idea meterte en ellas.

-¿Cree que el cine español ha conquistado ciertamente a su público, o más bien atraviesa un espejismo que debería reforzar?

-Hay que reforzarlo todo el rato. El cine es una lucha eterna. Es un mundo muy cambiante, estamos en permanente remodelación, y ahora de hecho vivimos una etapa de muchas dudas respecto a lo que pueda pasar con las plataformas de las privadas, las formas de difusión, la manera en que el cine se vaya a fusionar con la televisión y otras muchas cuestiones. Es una refriega constante, no vamos a tener ocasión de relajarnos un poco. La lucha por ganarse al público siempre ha estado ahí, pero a partir de ahora nos va a exigir más lograr que la gente se sienta atraída por nuestro material. En parte esto es bueno, porque nos obliga a estar atentos a lo que la gente quiere ver, aunque esto en realidad nunca puede llegar a conocerse del todo. Pero de cualquier forma tenemos que saber valorar en su justa medida las modas, porque todas se acaban. Parece que el thriller tiene ahora cierto éxito, pero esto pasará tarde o temprano y ya no interesará. Algún día se hará un thriller que ya no habría que haber hecho. Eso sí, me tranquiliza de algún modo que hayamos sido capaces de recuperar la confianza del sector, que hayamos demostrado que podemos abordar géneros que hasta no hace mucho nos tenían algo acomplejados. Nos ha venido muy bien en esto que la forma de hacer cine también se haya popularizado, todo es bastante más democrático. Ahora podemos plantearnos hacer cine de acción, pero cuando se rodaba en celuloide pues ya me dirás.

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