"Lo más triste es pensar en toda la obra que Lorca no pudo escribir"

  • El sobrino del poeta Fernández-Montesinos publica sus recuerdos en 'Lo que en nosotros vive'

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La agitada vida que lleva a sus espaldas Manuel Fernández-Montesinos lo convierte en un testigo privilegiado de los avatares del siglo XX: después de los asesinatos de su padre, alcalde de Granada en 1936, y su tío, el poeta Federico García Lorca, conoció el exilio en Estados Unidos, sufrió la prisión franquista a su regreso a España, se trasladó a Alemania, donde trabajó por los derechos de los emigrantes, y, de vuelta otra vez en su país, se presentó como candidato a las elecciones democráticas de 1977. Fernández-Montesinos podía haber mirado atrás con ira, dado el bagaje de episodios dolorosos y desengaños que encierra su periplo, pero en Lo que en nosotros vive (Tusquets), libro finalista del XX Premio Comillas, el autor narra sus memorias desde un tono sereno. "Este libro lo he logrado escribir en un estado de felicidad. He limado muchas asperezas en el camino", declara sobre el enfoque que ha dado a sus vivencias.

Lo que en nosotros vive posee, posiblemente, una de las escenas más poderosas que se han escrito sobre el destierro: la imagen de un niño cautivado por el béisbol, admirador del equipo de los Dodgers, que deja el bate para "mantener la tradición granadina montando una cruz de mayo, un altarcillo con flores y hasta una efigie de Nuestra Señora de las Angustias". Fernández-Montesinos recuerda con simpatía ese desdoblamiento entre lo granadino y lo norteamericano. "Uno venía arrastrando una cultura, unos usos, y aunque mi familia no era religiosa, había cosas que se hacían por costumbre", opina.

En los tímpanos de Fernández-Montesinos resuena todavía la amarga promesa de su abuelo al dejar su tierra, cuando declaró que no quería volver a "este jodío país" en su vida. El descendiente, no obstante, ya ha hecho las paces con sus orígenes. "Me gusta muchísimo lo que tiene de bueno, y me fastidia lo que tiene de malo. Pero yo creo que lo positivo gana", valora el ex presidente de la Fundación García Lorca.

El autor muestra su alivio después de que el juez Garzón haya desistido en su causa contra los crímenes del franquismo.

"No es ningún oprobio que nuestro tío esté en una fosa común. Muchos escritores nos han dicho que la tumba donde está es perfecta, es un sitio especial", asegura, antes de añadir "que lo más triste de la muerte de Lorca es que no le dejaran hacer todo lo que su imaginación tenía previsto escribir, todas las obras que tenía en su cabeza".

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