maría barranco. actriz

"Ya llegará mi gran papel dramático; por ahora, me siento muy querida"

  • La malagueña debuta este fin de semana en el Cervantes de Málaga con 'La comedia de las mentiras', revisión de la obra de Plauto estrenada con éxito en el pasado Festival de Mérida

La actriz María Barranco (Málaga, 1961), en una imagen reciente. La actriz María Barranco (Málaga, 1961), en una imagen reciente.

La actriz María Barranco (Málaga, 1961), en una imagen reciente. / jero morales / efe

Atiende al teléfono María Barranco (Málaga, 1961) en su casa de Madrid mientras juega con el más joven de sus nietos, el pequeño Bruno (quien, por cierto, también participa en la entrevista). Y ejerce ambas funciones, la de abuela entregada y la de actriz dispuesta a analizar su trabajo, con la misma naturalidad. Precisamente, la aspiración a la verdad es el gran sello de la intérprete, a la que descubrió toda España hace treinta años gracias a su inolvidable trabajo en Mujeres al borde de un ataque de nervios. Desde entonces ha llovido mucho, pero este sello ha permanecido intacto a lo largo de numerosos rodajes y obras de teatro. Este fin de semana (el sábado 20 a las 20:00 y el domingo 21 a las 18:30) regresará a su ciudad con La comedia de las mentiras, revisión de la comedia clásica de Plauto, en la que comparte escenario con Pepón Nieto, Canco Rodríguez y Paco Tous entre otros aliados y que se estrenó con éxito en el pasado Festival de Mérida. Será, en esta ocasión, dentro del Festival de Teatro de Málaga, en su debut en el Teatro Cervantes.

-Resulta difícil creer que no haya actuado hasta ahora en el Teatro Cervantes de Málaga.

-Sí, así es. Siempre que he trabajado en Málaga lo he hecho en el Teatro Alameda. Me hace una ilusión enorme. Recuerdo la cantidad de obras que vi en el gallinero del Cervantes cuando estudiaba Arte Dramático y poder actuar ahora en el escenario me produce mucha alegría. Me han dicho además que están todas las entradas vendidas, que ya no cabe un alfiler, así que imagínate. Siempre me siento muy querida en Málaga, cada vez que vuelvo me encuentro rodeada de cariño. Y ahora este afecto vuelve a confirmarse.

-Su anterior trabajo teatral fue el monólogo de la Legionaria de Quiñones, en el que se veía sometida a un gran desgaste en cada función. ¿La comedia de las mentiras es un paseo en comparación con tanta gente en escena?

-No creas. Es verdad que somos siete actores, pero todo transcurre a un ritmo frenético, así que la energía que hay que poner es más o menos la misma. Pero la satisfacción es enorme, eso sí. Esta obra me ha dado muchas cosas buenas. Ante todo, la posibilidad de actuar en el Teatro Romano de Mérida, donde nunca había trabajado hasta el estreno el pasado verano, en el festival. Encontrártelo lleno durante diez funciones seguidas con más de tres mil personas que te jalean y aplauden es una experiencia única, es algo que no se puede olvidar. Además he aprendido mucho con este montaje, he incorporado hallazgos a mi bagaje como actriz. Y he disfrutado a tope haciéndola. Mi papel es muy divertido. Al principio parece tener un cariz más dramático, pero pronto se transforma en algo bien distinto. Hago de una mujer despechada que se carga a todo el que puede, aunque luego se va ablandando. Por si fuera poco, en La comedia de las mentiras trabajamos tres malagueños: Pepón Nieto, Canco Rodríguez y yo. Así que en los ensayos me sentía con ellos como en casa. Es una obra muy boquerona.

-Desde hace ya algunos años parece haber un renacimiento de la comedia clásica, con montajes de obras de Plauto y Aristófanes que conectan muy bien con el público. ¿Delata esto una crisis de la fórmula de la comedia actual? ¿O tal vez todo está ya inventado?

-Comparto la idea de que todo está inventado. No sólo en la comedia. Si te adentras en la tragedia griega, te das cuenta enseguida de que todo el teatro posterior está ya contenido ahí. No hay nada de malo en esto, el público disfruta con lo que ha funcionado siempre y si las obras clásicas siguen funcionando será por algo. Lo que me preocupa es que por todas partes veo a gente vendiendo como nuevas y como recién inventadas cosas que son de siempre, de toda la vida, que ya teníamos; y a otra mucha gente que se lo traga sin más y que acepta toda esa charlatanería. Hay una tendencia general a la sordera, a la ceguera, una sociedad entera que no se da cuenta de lo que tiene alrededor y se entusiasma con cualquier tontería que le presentan como gran novedad. Aunque más que de ceguera y de sordera, habría que hablar de ignorancia. Una ignorancia promovida desde la política, por cierto.

-¿La política que por esos mismos intereses convierte a la cultura en mera mercancía?

-La cultura, la sanidad, la educación... todo lo que se ponga a su alcance. Hay una clase política empeñada en convertirnos a todos en burros. Y demasiados votantes dispuestos a serlo.

-Volvamos a la comedia. ¿Le pesa de alguna forma que se le vincule por lo general al género?

-No, no me pesa. Al contrario, estoy encantada.

-¿Y no echa de menos un gran papel dramático?

-Eso ya llegará. Creo que para hacer ese gran papel dramático hay que pasar antes por la comedia. La mayoría de los mejores actores dramáticos hicieron antes comedia. Por ahora, como te decía, me siento muy querida por el público. Y eso no tiene precio.

-¿Cuál es su modelo de actriz?

-Hay muchas actrices a las que admiro. Prefiero, sin duda, una interpretación sostenida en la verdad, ya sea en drama o en comedia. No me gusta nada el histrionismo.

-¿Diría usted que existe un estilo María Barranco? ¿Un sabor propio de la interpretación?

-No sé si hay un sabor. Pero sí un aroma. Siempre voy perfumada.

-Es fácil concluir que su papel más importante ha sido el de Mujeres al borde de un ataque de nervios, pero ¿cuál es el que más ha disfrutado, el más feliz?

-¿Sabes lo que pasa? Que cuando estás en un rodaje, o en un ensayo, nunca te acuerdas de disfrutarlo. Estás concentrada en el trabajo. Lo de disfrutarlo viene después. En el rodaje de Mujeres al borde de un ataque de nervios pensaba que me iban a echar en cualquier momento. Luego vino la vorágine, el éxito, lo de ser la actriz de moda en El País y todo eso. Pero de esto tampoco te enteras. Es ahora cuando soy consciente. Y es genial.

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