Hacia el infinito...

  • Pixar ha cumplido 25 años de firme trayectoria y con un prometedor futuro, pese a los difíciles comienzos de la mano de nombres como George Lucas, John Lasseter o Steve Jobs

En este agonizante 2011, Pixar ha cumplido 25 años, algo que en el fondo no deben acabar de creerse sus responsables, con John Lasseter a la cabeza, teniendo en cuenta los difíciles primeros tiempos del sello de la lámpara. Con unos brutales e incontestables 8 mil millones de dólares recaudados sólo en taquilla -unir a estos las ventas a televisiones y los beneficios de los DVD- con sus filmes de animación, parece mentira que en su tiempo fuese una compañía marginada y que estuvo a punto de desaparecer más de una vez en sus inseguros comienzos. Y es que abrir nuevos caminos a una industria tan trillada como la del cine made in Hollywood no es fácil. Pixar no ha sido solo el negocio cinematográfico más rentable de las últimas décadas, sino que ha significado una auténtica revolución. Además de impulsar la animación digital a cotas de virtuosismo insospechadas, ha dado la vuelta al viejo concepto de cine infantil, demostrando que las películas de dibus no significan tratar a sus usuarios como idiotas. Las tramas de Pixar producen sonrojo a sus mayores en el mundo de la imagen real, con historias llenas de paradójicos personajes de carne y hueso y de una brillante madurez, servidas por una infrecuente inteligencia cinematográfica. Junto con la televisión de calidad, Pixar forma uno de los brazos de la pinza que año tras año deja en evidencia al anquilosado sistema de Hollywood, que no sabe salir de las secuelas y los remakes para salvarse de la quema. Y no olvidemos que los chicos de Lasseter consiguieron eliminar la servidumbre de las insulsas cancioncillas -no siempre hubo un Alan Menken- en los films animados: para ellos, la animación no es una fórmula trillada ni una excusa para explotar al mercado infantil, sino un territorio de exploración.

Pero como se ha apuntado, los comienzos fueron difíciles, aunque un buen grupo de visionarios californianos estuvo en el origen de Pixar. El primero fue George Lucas, el sujeto que revolucionó el negocio del cine para siempre con la saga galáctica y que tuvo las ideas originales de Indiana Jones y la propia Apocalypse Now. En 1979 aprovechó su recién adquirido status de magnate hollywoodense para fundar Graphics Group, destinada a explorar las posibilidades de la naciente animación por ordenadores. Nunca dejó ser un añadido a la ILM, la poderosa empresa de efectos especiales fundada por el propio Lucas, y se limitó a apoyarla, aunque su trabajo se dejó notar en filmes como El joven Sherlock Holmes. El padre de Annakin Skywalker nunca pensó hacer un fin de ella en sí mismo.

Aunque entonces no se supo, un momento crucial en esta historia ocurrió en 1984, cuando Graphics Group acogió a un estrafalario dibujante que venía rebotado de la Disney llamado John Lasseter. Este había sido expulsado tras tener una visión. En 1982 el estudio del tío Walt produjo uno de sus mayores fracasos, Tron, donde daba un paso más en la animación digital. Lasseter se dio cuenta del potencial de la nueva técnica, y su encendida defensa le costó el despido. Lasseter había estudiado animación en California en una clase donde tomaba el desayuno con gente como Brad Bird, Henry Selick o el mismísimo Tim Burton.

El punto de inflexión llegó en 1986. Ese año Lucas se hallaba acosado por el carísimo divorcio de su esposa Marcia y el doloroso fracaso de Howard el pato, que demostró que fuera de Indy y la saga galáctica el público era reacio a aceptar novedades. Para cuadrar números decidió vender Graphics Group. El comprador fue el tercer visionario de esta historia, el propio Steve Jobs, que tenía en el bolsillo la cuantiosa indemnización tras dejar Apple. Luego volvería a esa compañía para entrar en la leyenda, al igual que haría Lasseter con la Disney, pues esta historia parece escrita por un guionista adicto a la teoría de que el esfuerzo lleva a su recompensa. Lo primero que hizo Jobs fue cambiar el soso nombre a la empresa, y jugando con las palabras 'píxel' y 'art' sacó el término Pixar. Apoyándose en Lasseter en la parte creativa, y con sus conocimientos informáticos, la nueva empresa echó a andar. Su primer corto, Luxo Jr. ganó el Oscar y dio a la compañía su logo, una saltarina lámpara de mesa. Los siguientes cortos ganaron alguna estatuilla, pero aunque la nueva tecnología se puso al servicio de anuncios, Pixar era deficitaria. Jobs tuvo que vender la sección de Hardware para sobrevivir, pero el momento fue difícil. Irónicamente, fue la Disney la que acudió al rescate. A primeros de los 90 estaba bajo el firme mando de Jeffrey Katzenberg, que había reflotado el estudio con títulos como La sirenita o La bella y la bestia y estaba más receptivo a las nuevas tecnologías que los directivos que despidieron a Lasseter. En 1991 se cerró un acuerdo, mediante el cual a cambio de 18,2 millones de euros Pixar se comprometía a hacer tres filmes animados mediante ordenador que serían distribuidos por Disney. Tras tantas fatigas, en noviembre de 1995 se estrenaba Toy Story.

El resto es silencio. Con filmes como Monstruos S.A., Buscando a Nemo, Los increíbles, Wall-E, etc., Pixar ha elevado la animación a cotas asombrosas y que parecen no tener límite película a película. El acuerdo con Disney se prorrogó, pero Lasseter y sus criaturas eran demasiado poderosos y carismáticos y en 2004 se separaron. Pero por poco tiempo, pues en enero de 2006 se llegó a un nuevo acuerdo de los más sensacionales vividos en la Meca del Cine. El estudio del tío Walt compró al estudio de la lámpara por 7.400 millones de dólares. A pesar de lo que parecía fue una victoria de Pixar. Lasseter se convirtió en el responsable creativo de las dos firmas y el recientemente desaparecido Steve Jobs en máximo accionista del conglomerado resultante. Aunque tras tantos movimientos empresariales, lo que importa es que Pixar sigue gozando de una forma que nos promete más y mejores sorpresas en el futuro. Mientras esperamos su film de 2012, Brave, en el que recuperan la historia de Beocia, nos conformaremos con ver el DVD de Cars 2, que acaba de salir al mercado.

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