Cinco horas de teatro para volver a disfrutar a Bolaño

  • El Teatre Lliure lleva al Central su adaptación dramática de '2666', la monumental novela póstuma del escritor chileno

¿Qué lleva a un director dramático a embarcarse en la descomunal tarea de adaptar al teatro las 1.124 páginas de una de las mejores y más fascinantes novelas de las últimas décadas? "Salir del formato teatral canónico en el que de manera abusiva caemos en España", responde Àlex Rigola, al frente del Teatre Lliure y de este montaje que, tras ser considerado por la crítica el mejor de la temporada 2006-2007, llegará el próximo viernes al Teatro Central.

"El culpable de todo esto es Manuel Llanes", dice Rigola del coordinador de programación del espacio escénico sevillano. "Recuerdo haberlo llamado en 2004 -añade- y contarme que llevaba una semana sin salir de casa, sólo leyendo una novela que no podía dejar, 2666 de Roberto Bolaño. Yo entonces no conocía su obra, pero me pasó lo mismo: comencé a leerla y no pude dejarla".

El director del Lliure comenta que llevaba tiempo buscando "un texto teatral titánico, pero no lo encontraba. Buscaba una historia que sucediera en muchas partes y provocara de una manera diferente el hecho de la creación teatral", apunta. Entonces se le encendió la bombilla, y casi al mismo tiempo brotaron las reticencias, incluso entre su círculo cercano. ¿Cómo adaptar el largo y brillante texto póstumo de Bolaño, fallecido en 2003 a los 50 años? ¿Cómo llevar a las tablas esa fabulosa novela río que en realidad contiene cinco textos independientes pero sutilmente imbricados?

"Cuando Àlex me lo dijo pensé que era un proyecto condenado al fracaso", reconoce Manuel Llanes. Sin embargo, tras un año de trabajo en compañía de Pablo Ley, coautor de la adaptación, y "después de estar a punto de tirar la toalla en varias ocasiones", Rigola consiguió poner en pie un montaje tan desmesurado -"en el buen sentido de la palabra", matiza Llanes- como la propia obra de Bolaño: cinco horas de espectáculo aliviadas con cuatro entreactos; cinco escenografías e incluso cinco tipos diferentes de lenguaje dramático para abordar lo que parecía imposible: convertir 2666 en un texto teatral.

"Claro que nos preocupaba la reacción del público. Pero aunque el espectador tiene varias posibilidades de salir y no volver a entrar, lo cierto es que nadie se va", comenta con humor Rigola, quien reconoce que "la adaptación de esta novela ha sido mi empresa más ambiciosa".

La intención -y la consecución, según avisan quienes ya han tenido la oportunidad de ver el montaje- es que ese espectador, cada vez que vuelva a la sala tras los entreactos, tenga la sensación de entrar a una obra nueva, justo lo que le ocurre al lector al ir pasando por cada una de las cinco partes de la novela. La parte de los críticos, La parte de Amalfitano, La parte de Fate, La parte de los crímenes y La parte de Archimboldi se consituyen así, con sus distintos modos narrativos, en un continuo que termina por atar cabos que antes parecían inconexos y cierra el círculo que tanto hizo disfrutar a los conocedores de la obra de Bolaño: ¿Quien era en realidad Benno von Archimboldi? ¿Qué y quién se esconde tras los múltiples crímenes de Santa Teresa, lugar trasunto de Ciudad Juárez?

"Fui hasta México, hasta allí, para documentarme", explica Rigola. Fruto de aquel viaje surge también una exposición fotográfica -"que nadie espere un alarde técnico; soy poco más que aficionado", dice modesto el dramaturgo- sobre la tristemente célebre población fronteriza y sus gentes, que los asistentes podrán contemplar en el recibidor del teatro. "Creo que forman parte del espectáculo -afirma Rigola-. Son imágenes que te colocan en la realidad de los espacios de los que hablamos. Además, los asesinatos siguen sucediéndose a día de hoy en Ciudad Juárez. Quizás alguna de las personas que salen en las fotografías ya no están vivas".

Respecto al éxito cosechado hasta el momento, Rigola considera que "si el espectáculo ha ido bien es porque partimos de un texto buenísimo y de unos actores a su altura". Quizá también se deba a que, tras un triple salto sin red, parece haber aterrizado indemne.

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