Las fresas salvajes de Savall

  • Alia Vox publica en CD y DVD la grabación que en junio de 2013 Jordi Savall hizo en un par de conciertos celebrados en la Capilla Real de Versalles de los 'Magnificat' de Bach y Vivaldi

En su extensa y fructífera trayectoria artística, Jordi Savall ha frecuentado los pentagramas de Bach, pero es en los últimos años cuando parece decidido a dejar constancia audiovisual de su acercamiento a las obras corales más exuberantes del compositor. Primero fue la Misa en si menor, cuyo lanzamiento en DVD supuso sin duda una de las grandes noticias barrocas de 2013; ahora le toca el turno al Magnificat, que se editó a finales del año pasado; para este 2015 se espera la publicación de Los israelitas en el desierto, oratorio de uno de los hijos del Cantor, Carl Philipp Emanuel, que en 2014, cuando se hizo la producción, andaba de aniversario; y para el siguiente será con total seguridad la Pasión según San Mateo, que el gran violagambista y director de Igualada abordará en unas semanas por primera vez en su vida como director, presentándola el 15 de marzo en el Palau de la Música Catalana de Barcelona.

Para un artista tan polifacético, tan proteico como Savall, que pasa con absoluta naturalidad del Llibre Vermell a las Siete palabras de Haydn, de Monteverdi a la música folclórica de los Balcanes, la figura de Bach funciona un poco a la manera de pivote de sujeción, de isla de referencia en el mar inmenso de su repertorio, allá donde sabe que encontrará seguridad y refugio. Así fue siempre, lo mismo cuando grabó las Sonatas para viola da gamba (dos veces, ambas junto a Ton Koopman, separadas por más de 20 años de diferencia: Virgin, 1977; Alia Vox, 2000) que cuando hizo los Conciertos de Brandemburgo (Astrée, 1991) o se acercó a las dos colecciones más representativas del Bach especulativo, El arte de la fuga (Astrée, 1986) y la Ofrenda musical (Alia Vox, 2001). Espacio seguro, donde dialogar cara a cara con el genio y encontrar una audiencia amplia, siempre dispuesta a dejarse seducir por la música inagotable del músico germano en propuestas sin duda estimulantes.

Pues una de las grandes virtudes de Savall ha sido la de saber rodearse siempre de talento, y no precisamente para sojuzgarlo bajo su personalidad descollante, sino para darle espacio y dejarlo expresarse con libertad. En esa dialéctica entre la expresión personal de cada uno de los músicos que participan en sus producciones, la necesaria unidad en torno a un concepto propio y la imprescindible coordinación para un trabajo común es donde se ha desenvuelto el Savall de los grandes proyectos orquestales, corales y operísticos, con resultados que han sido juzgados como irregulares, más discutidos tanto más cuanto más se separaban del mundo barroco para entrar en el del clasicismo.

Vista a la luz de este nuevo lanzamiento y de los próximos desempeños bachianos del músico catalán, la edición hace ya dos años en formato audiovisual de la Misa en si menor parece el inicio de una serie con carácter acaso testamentario. Qué mejor que el maestro de Eisenach para tal empeño. Cuenta Savall en un breve ensayo incluido en este trabajo cómo descubrió el Magnificat y la Sonata para viola da gamba en sol menor de Bach -en la famosa versión para violonchelo y piano de Pablo Casals y Mieczyslaw Horszowski-, a sus 10 años de edad, mientras convalecía de una fiebre tifoidea que a punto estuvo de costarle la vida. Y confiesa conmovido el efecto que, según él, aquella música ejerció sobre su salud: "Tras haberme enfrentado a una grave enfermedad, sentía día tras día los beneficios de la música en mi cuerpo y en mi alma. Era verdaderamente turbador darse cuenta de que, gracias a su poder, músicas creadas e interpretadas por hombres mortales se convertían por su belleza y su profunda emoción en obras maestras eternas".

No cabe duda de que el Magnificat BWV 243 se cuenta entre esas obras maestras que siguen conmoviendo a los públicos actuales. Savall la ofrece en su versión revisada en re mayor (la más habitual, por otro lado), revisión que Bach hizo en el primer lustro de la década de 1730, y la acompaña de otro Magnificat, el catalogado como RV 610 de Vivaldi, la primera (1717-19) de las cuatro musicalizaciones, todas muy parecidas, que el músico veneciano dejó de este himno. El registro se realizó durante unos conciertos en la Capilla Real de Versalles en junio de 2013 y contó con un quinteto solista formado por las sopranos Hanna Bayodi-Hirt y Johanette Zomer, el contratenor Damien Guillon, el tenor David Munderloh y el bajo Stephen MacLeod, la Capella Reial de Catalunya (en formación de unas 25 voces) y Le Concert des Nations. El DVD se completa con una grabación un mes posterior, tomada en la Abadía de Fontfroide (junto a Narbona), en la que el gran clavecinista Pierre Hantaï toca como solista junto a Le Concert des Nations el Concierto BWV 1052. La dirección del vídeo es de Benjamin Bleton en ambos casos.

Alia Vox presenta ahora el programa en un doble formato, pues además del DVD se incluye un CD que ofrece las mismas grabaciones que el audiovisual con el añadido de un Concierto múltiple de Vivaldi, el RV 578, escrito en la misma tonalidad del Magnificat RV 610, al que sirve de introducción, para dos violines (los de Manfredo Kraemer y Pablo Valetti) y viola da gamba (obviamente, la del propio Savall) como solistas, en un registro antiguo y ya publicado por el sello (2003).

Se pregunta Savall en sus notas personales si no será toda la vida adulta una búsqueda de la felicidad infantil, esa patria de los que fueron niños felices (perdonen la tautología, necesaria en este caso, pues "felicidad" e "infancia" no son sinónimos). Y desliza desde esa pregunta la idea de que "hacer música es también buscar y desarrollar cierta forma de vida... una vida que sólo podrá prosperar en la búsqueda y en el acto de compartir la belleza y la felicidad". Como metáfora usa un cuento zen: "Un hombre se pasea tranquilamente por el bosque cuando aparece un tigre y lo persigue. Echa a correr y llega a un precipicio, que empieza a descender; piensa que está salvado, pero al mirar hacia abajo, ve que al fondo lo espera otro tigre. Se detiene sin saber qué hacer. De pronto, ve a su lado unas fresas silvestres; las recoge, se pone a comerlas y entonces exclama: ¡Qué buenas que están estas fresas!". El arte no nos salva de las garras de ningún tigre, pero puede hacernos, por momentos, más felices. Bach, Vivaldi y estas grabaciones son una buena forma de probarlo.

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