La cíclica fascinación por lo primitivo

Si algo caracterizaba y caracteriza a la revista Letras de Cine (en la actualidad, perdido momentáneamente el soporte de papel, como blog heteróclito y campechano: letrasdecine.blogspot.com) era y es su idealismo feroz de estirpe francesa. Y ahora que uno de sus críticos fundadores da el salto a la realización, sentimos estrecharse el vínculo entre estos jóvenes vallisoletanos y los turcos que en su día buscaron en la crítica de Cahiers (Francia...), primero, un sinónimo de realización, y después un atajo para llegar a la industria. Y Daniel V. Villamediana era sin duda el que más firme sostenía este espejo. Así, si Álvaro Arroba introducía en sus textos lo insólito y lo humorístico en la mejor tradición godardiana, Daniel era el Truffaut, talentoso (las rimas entre José Tomás y Bresson), y con el objetivo claro en la mente. El artículo Una cierta indecencia del cine español le llevaría a ser felicitado por José María de Orbe, de quien sería guionista en su debut para el cine, La línea recta. La experiencia lo puso en contacto con Luis Miñarro, cuya productora Eddie Saeta lleva años apoyando el cine joven menos convencional (ahora de enhorabuena: en Cannes, El cant dels Ocells, Liverpool; en Locarno, El Brau Blau y, fuera de competición, El somni). Así le llegó la posibilidad de hacer cine. Tiene razón Víctor cuando apunta que la vocación por el misterio y lo irracional, por lo primitivo, de Daniel no es del todo similar a la de Serra o Alonso (también bajo el manto de Miñarro). Si recuerda a alguien en la forma de manchar de ficción el registro es al tailandés Weerasethakul. Cine, en definitiva, libre, necesario.

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