Un centenario símbolo de la Villa

  • La construcción de la autovía A-381 relega a la Montera del Torero a los recorridos turísticosl icono y señal Esta formación natural ha acompañado durante décadas a los conductores a su paso por el término municipal barreño.

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Los caprichos de la erosión y la imaginación popular pusieron nombre a la formación rocosa más emblemática de Los Alcornocales. La Montera del Torero, producto de la acción continua del viento y el agua durante siglos, saludaba a los conductores que dejaban la Villa barreña por la antigua carretera C-440 hacia Jerez.

Los viajes por la C-440 eran muy distintos a la ruta que hoy siguen los coches en la moderna A-381. El continuo trasiego de camiones, la lluvia, curvas imposibles y cambios de rasante ponían a prueba los estómagos de los más pequeños y la paciencia de los padres al volante. Para no aburrirlos, lo más habitual era jugar a las matrículas -identificar la provincia del coche que venía de frente o bien el modelo-.

Hoy, ambas cosas han pasado a mejor vida. Las matrículas provinciales han dado paso a combinaciones impersonales de letras y números en serie. La C-440 ha quedado relegada a ser una vía de corte turístico o de acceso a los muchos cortijos que se ubican a lo largo de la Ruta del Toro.

La Montera del Torero puede considerarse la primera perjudicada por el cambio. Antes, venir desde Jerez y presenciar su majestuosidad era signo inequívoco de que quedaban sólo 6 kilómetros para llegar a Los Barrios desde Jerez, cuando la autopista A-4 hacía un fuerte contraste con las condiciones de la carretera que venía pocos metros después.

El actual trazado de la autovía deja a buena distancia a la Montera. De hecho, las calzadas de la carretera antigua y la autovía discurren prácticamente paralelas desde el casco urbano de Los Barrios hasta el paraje. A partir de ese punto, la autovía se aleja de su primitiva predecesora y se introduce en un frío túnel.

Hoy, para presenciar la Montera, hay que optar por la paciencia al volante, por recorrer los kilómetros con la forzosa calma a la que invitaba -por la orografía y el vehículo- un Renault 4 con asientos de polipiel. La Montera ha quedado como un símbolo que saluda a los nostálgicos del volante.

Los motoristas encuentran en la C-440 una ruta para saborear en cada curva. La C-440 ya es una de esas carreteras para disfrutar del paisaje, sin más.

Son las consecuencias del progreso. De viajar más rápido y seguro. Tal es el hueco que dejó entre los barreños que hoy una réplica de La Montera despide a los conductores que dejan el casco urbano rumbo a la A-381.

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