El camino de ida y vuelta para las biblias del exilio

  • La Biblioteca central reúne en una muestra los rollos y códices bíblicos que los judíos se llevaron consigo cuando fueron expulsados de España en el año 1492

Con la dolorosa y masiva expulsión de los judíos de Castilla y Aragón, en 1492, de Portugal, en 1497, y de Navarra, al año siguiente salieron también de la Península sus biblias, ese elemento central de su cultura religiosa y de sus vidas cotidianas.

Ese texto sagrado ocupaba un lugar de primer orden en la tradición judía sefardí como demuestra la producción de los propios códices a lo largo de la Edad Media, como pone de manifiesto la exposición que acaba de inaugurarse en la Biblioteca Nacional de Madrid bajo el título de Sefarad: las vidas cruzadas del texto y sus lectores.

La exposición, que podrá visitarse hasta el 13 de mayo, busca mostrar al público una parte importante, aunque relativamente poco conocida, de la historia y la producción cultural de la Edad Media, según señala su comisario, Javier del Barco.

El cuidado puesto tanto en la transmisión como en la transcripción del texto original hebreo hizo que copistas y estudiosos de otras partes vinieran a la Península en busca de las copias consideradas más fiables.

Los judíos sefardíes no sólo leían la Biblia en hebreo, sino que era también costumbre acompañar su lectura en la sinagoga de la traducción aramea. Entre las comunidades judías de Al Andalus eran también corrientes las versiones en árabe y en las cristianas del resto de la Península comenzaron a circular versiones vernáculas denominadas 'romanceamientos'.

El interés por el hebreo como lengua de la Biblia hizo que los judíos de la Península prosiguieran los estudios filológicos que habían empezado a desarrollarse en el Oriente y entre los siglos X y XI, se escribieron diccionarios y obras gramaticales que buscaban desarrollar el conocimiento científico de esa lengua y poder establecer de esa forma el sentido exacto del contenido bíblico.

La atención que se prestó durante aquellos siglos a la lengua y a la gramática hebreas hizo que tanto en Al Andalus como en Provenza se practicara una exégesis bíblica muy literal, pero a finales del siglo XII y durante todo el siguiente llegaron a lo que es hoy España corrientes exegéticas procedentes de las comunidades judíos ashkenazis (norte de Francia y Alemania) que iban a ejercer n gran impacto en los siglos siguientes.

A todas esas nuevas corrientes, los exégetas judíos de los reinos cristianos sumarían nuevos estilos interpretativos como el cabalístico, que, valiéndose de transposiciones, anagramas y combinaciones de letras hebreas y palabras del Antiguo Testamento pretendían descubrir el sentido oculto de los textos sagrados.

Aunque la filosofía y la ciencia de origen griego eran en principio ajenas a la cultura hebrea, ello no fue óbice para que los intelectuales judíos de Al Andalus incorporasen un legado recibido de la traducción árabe y, como se señala en la exposición, participaran activamente en la copia, adaptación y transmisión de una literatura científica considerada como 'externa a la Biblia'.

Así se cita el caso del filósofo de origen cordobés Moisés ben Maimón (1135-1204, cuya Epístola sobre la resurrección de los muertos y su más famosa Guía de Perplejos, en la que trató de conciliar la Biblia con las verdades racionales, iban a provocar un grave conflicto en el seno de las propias comunidades hebreas tanto de la Península como de Provenza al iniciar a sus correligionarios en la ciencia y la filosofía de los griegos y los árabes a la vez que ejercerían una gran influencia en autores cristianos posteriores como Alberto el Magno o Santo Tomás de Aquino.

A raíz de la expulsión de sus propietarios, la mayor parte de los manuscritos producidos en la Península sufrieron un exilio de siglos y sólo unos pocos permanecieron en España ocultos o en manos de la Inquisición y de la propia Iglesia.

Una de las secciones de la muestra de la Biblioteca Nacional reúne fragmentos de rollos y códices bíblicos que sobrevivieron en España al haber sido incluidos en legajos de procesos inquisitoriales o por haberse utilizados como material de relleno en guardas de libros.

Tras un exilio que duró en muchos casos varios siglos, algunos manuscritos regresaron a su lugar de origen en forma de legados eclesiásticos o de colecciones particulares aunque una de las piezas más importantes de la exposición es una Biblia del siglo XV que afortunadamente nunca salió de la Península.

Pertenece a la Casa de Alba, es una de las traducciones completas al castellano que se conservan de la Edad Media y se sabe que fue vertida a nuestra lengua por un judío en colaboración con dos monjes cristianos.

Se perdió su pista poco después de su producción, reapareció en poder de la Inquisición y se entregó al conde duque de Olivares, antepasado de la actual duquesa de Alba.

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