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Primera jornada de esta cita cultural

25 aniversario, el momento de ahondar en el legado de Camarón

  • El congreso sobre José Monje Cruz intenta arrojar luz a la vida y obra del cantaor, y reivindicar su importancia en la historia del flamenco cuando se cumple un cuarto de siglo de su muerte

Unas 200 personas asisten al Congreso Leyenda Camarón con el que se quiere homenajear a la figura de José Monje Cruz, su vida, su obra y su legado. Ese que va más allá de la hoja de papel en la que el cantaor dejó escrito su testamento, como ayer recordaba Ángeles Carrasco, la directora del Instituto Andaluz del Flamenco, en la inauguración de esta cita que continuará hoy en el centro de congresos isleño. Es ahora -que se cumplen 25 años de su muerte- cuando ha llegado el momento de "analizar lo que Camarón ha generado, de contextualizar su vida y su obra", decía Carrasco. "De devolver a Camarón lo que dio a esta ciudad", declaraba la alcaldesa, Patricia Cavada. Con esos objetivos sobre la mesa intervienen desde ayer todos los participantes.

Los escritores Enrique Montiel y Juan José Téllez abrieron la mañana intentando explicar a los asistentes la fuerte vinculación que tenían dos genios del flamenco como Camarón de La Isla y Paco de Lucía. "Paco sufre un deslumbramiento con Camarón. El conocimiento de Camarón sobre Paco es posterior", exponía Montiel, que insistió en la devoción del guitarrista por el cantaor durante su vida y en que José Monje siempre dejaba claro que nadie tocara a Paco. "Al principio les unió el cachondeo, las risas, los 20 años, la noche, que eran libres", reconocía Téllez que hablaba de la libertad que el Madrid de la época les ofrecía cuando comenzó su historia en Torres Bermejas, el tablao donde actuaban en la capital española. Más allá de eso, ambos compartían -señalaron los biógrafos de estos flamencos universales- su curiosidad por la música, no sólo el flamenco también otros estilos musicales. Dirigidos por el periodista y crítico de flamenco Fermín Lobatón, los participantes intentaron transmitir ese respeto que estos artistas se profesaban. "Paco buscaba la voz que no tenía. Camarón, al guitarrista que quiso ser. No le daban tanta importancia a la letra, sino a que la voz armonizara con el resto de instrumentos", aseguró Téllez sobre la coincidencia en la visión que tenían de la música, ambos convirtiéndose en revolucionarios del flamenco.

Cavada reconoce que La Isla debe intentar devolver a Camarón lo que él dio a la ciudad

Esa vinculación especial perduró, con vaivenes y altibajos, frutos de la relación compleja que Camarón y Paco de Lucía mantuvieron. Ambos tímidos, con "caracteres puñeteros", pero con" telepatía", superaron la ruptura del cantaor con el padre del guitarrista que fue su productor. Atrás queda también el tema de los derechos, royalties, compartidos o de autor, en la que todas las partes tenían sus razones. "Un tema desagradable en el que la familia de Camarón ya dejó claro que no era un tema que llevaran ellos", matizó Fermín Lobatón. "La enemistad es una leyenda negra", defendió Enrique Montiel.

Esos elogios que Paco de Lucía y José Monje recibieron en esta primera toma de contacto del congreso se repitieron en la segunda mesa redonda, moderada por Mercedes de Pablos, directora del Centro de Estudios Andaluces. Intervinieron los críticos Juan Verdú y José María Velázquez Gaztelu, que recordaron anécdotas vividas en conciertos y programas de televisión. Ambos descartaron que la crítica del momento se cebara con el artista isleño, menos en Madrid o Barcelona, circunscribiéndola en todo caso curiosamente a Andalucía y a quienes defendían la propuesta dominante entonces en el flamenco, que lideraba Antonio de Mairena. "Aparece un muchacho joven, con una forma expresiva que deslumbra, que ofrece una sonido diferente, que remueve los cimientos del flamenco y coge a todos de sorpresa", comentaba Gaztelu para argumentar esa reacción contraria de algunos sectores. "No eran los críticos, sino un sector de aficionados acostumbrados a otras formas", terció en esa línea Verdú. Ambos insistieron en la expectación y la legión de seguidores que José Monje arrastraba.

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