Volver a Angelopoulos

Con su última película (The dust of time) recién presentada en Berlín, segunda entrega de una nueva trilogía con la historia griega como telón de fondo, la estrella de Theo Angelopoulos (Atenas, 1935) parece haber declinado entre la cinefilia contemporánea después de varias décadas de idilio con la crítica y un puñado de títulos que se cuentan entre lo más sobresaliente de los estertores de aquel viejo concepto del cine de autor europeo.

Varias han podido ser las razones de este declive, pero seguramente una de ellas sea la insobornable resistencia del director griego, firme en sus convicciones estéticas y en su elaborado discurso cinematográfico para seguir convocando la historia de su país, también la de la Europa reciente, la mitología clásica y la búsqueda de un lenguaje único en una obra que no se deja someter fácilmente a la habitual banalización de los discursos críticos, más pendientes hoy del neoclasicismo o del nuevo estatus de la imagen cinematográfica dentro del magma audiovisual que de los rescoldos y derivas de la herencia de la modernidad.

Otra de las razones de este abandono pudiera ser el estigma de opacidad y densidad que ha acompañado siempre a la obra del director griego, ése que quiere ver en su elaborada querencia por la duración y el distanciamiento o en su relectura simbólica, marxista y autobiográfica de la historia un muro de incomprensión frente a las prerrogativas del cine narrativo clásico y no digamos ya frente a las trayectorias integradoras de muchos otros compañeros de viaje de su misma generación.

Al sello Intermedio, siempre tan cabal, le debemos el mayor esfuerzo por restituir la potencia y el justo valor del cine de Angelopoulos en tiempos de amnesia y anestesia generales. Hace ahora cuatro años comenzaban su andadura en las procelosas aguas de la edición de DVD con cuatro títulos del director griego, Paisaje en la niebla, El paso suspendido de la cigüeña, La mirada de Ulises y La eternidad y un día, toda una declaración de intenciones sobre la ejemplar política de publicaciones, siempre cuidadas al detalle, siempre repletas de material crítico de primer orden, que han mantenido hasta la fecha.

Se trata ahora de hacer visible la primera y poco difundida etapa del cine de Angelopoulos, aquella en la que, a rebufo de la modernidad de los nuevos cines europeos, y desde unos inicios aún titubeantes, fue germinando ese inconfundible y esencial estilo asentado sobre el plano-secuencia como figura esencial desde la que hablar de la historia y la cultura de su país con un lenguaje ritualizado, desde Reconstrucción (1970) a Los cazadores (1977), pasando por Días del 36 (1972) y El viaje de los comediantes (1975), el gran fresco histórico con el que alcanzó el reconocimiento internacional.

El esfuerzo de Intermedio por recuperar a Angelopoulos, que se completará pronto con un segundo cofre, no se queda en el mero transfer de las películas a DVD. A cada uno se añade una pequeña e ilustrativa presentación a cargo del propio director, entrevistado ex profeso para la edición. De igual forma, los textos y ensayos que se incluyen en el libro que la acompaña complementan la labor de rescate y restitución de la única manera posible, colocando el discurso crítico a la altura de las propias obras. Los artículos de Pere Alberó, Manu Yáñez, Alain Salvadó, Jaime Pena y Alfonso Crespo se nos antojan ya indispensables y definitivos para amplificar y acceder a la obra de Angelopoulos en los términos que se merece.

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