Valencia premia a Cayetano con dos orejas que son un gran respaldo a su carrera

  • La salida a hombros del hijo de Paquirri es el contrapunto de una corrida desdichada por la poca entidad de los toros

Cayetano ha ganado enteros, Talavante pierde y El Capea se queda igual. Tales son las consecuencias de una corrida en la que los resultados de unos y otros han estado en función del juego que dieron sus respectivos toros.

Se jugaron toros de la esposa e hijos de El Niño de la Capea; primero, cuarto, quinto y sexto con el hierro de Carmen Lorenzo, y los otros dos a nombre de Pedro y Verónica Gutiérrez, aceptablemente presentados pero bajos de raza y con poco fondo. Corrida insulsa y deslucida, a excepción del buen sexto.

Pedro Gutiérrez El Capea: estocada (ovación tras petición); y estocada ligeramente atravesada y tres descabellos (ovación tras aviso). Alejandro Talavante: estocada y tres descabellos (silencio); y pinchazo, estocada y dos descabellos (silencio). Cayetano: dos pinchazos, media y dos descabellos (silencio tras aviso); y estocada (dos orejas). La plaza se llenó.

A Capea le tocaron los más fáciles en conjunto. Primero y cuarto, toros noblones, aunque insulsos, que pasaron por los engaños sin decir nada. Cómodos para estar delante, sin embargo, difíciles para interesar. Su primera faena, que en el capote incluyó tres largas cambiadas pegado a tablas, fue de mucha disposición con la muleta, abierto el compás y cargando la suerte en la media distancia, para terminar en las cercanías y en el camino del toro.

Al cuarto lo toreó también muy encajada la figura por los dos pitones, pero este toro duró menos, y consiguientemente la faena fue también más corta.

Talavante tuvo muchas cosas en contra, fundamentalmente sus toros. Impotente, taurinamente hablando, frente a su aborregado primero, que tomaba los engaños al paso y embistiendo de abajo a arriba. El hombre apenas pudo merodear alrededor del toro, que de bravo no tuvo nada.

El quinto acudió también a las telas rebrincado y a disgusto por su falta de casta y de fuerzas. A Talavante le faltó acoplarse, habiendo adelantado la muleta y no esperando a que entrara el toro en jurisdicción para quitársela con ciertas prisas.

Tampoco dijo gran cosa Cayetano en su manso primero, toro que se negó constantemente en el refugio de las tablas. La falta de recursos de Cayetano hizo que el toro se creciera allí, haciendo imposible cualquier conato de faena.

En el sexto cambió el panorama, viéndose a un Cayetano mucho más seguro y dispuesto, más resuelto también desde el punto de vista artístico. Sin duda que el toro contó mucho por su movilidad, su forma de descolgar en cada muletazo, desplazándose largo y permitiendo todos los desahogos que necesitaba el torero.

Cayetano toreó por ambos pitones con la mano baja, acompañando con la cintura y poniendo un punto de languidez que fue lo que verdaderamente le dio categoría al trasteo. La faena duró lo que el toro, que no fue mucho, pero suficiente. La estocada, de efecto rápido fue definitiva.

Le dieron las dos orejas sin una sola protesta, aunque el segundo trofeo no resiste comparación con otros denegados en esta misma feria, sin ir más lejos, el día anterior a Ponce. Si aquello fue un error, está claro que para resarcirlo no hay porqué abundar en el mismo. A Cayetano, por tanto, lo que es suyo.

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