Soderbergh trata de ver más allá del icono del Che

  • Público y crítica halagan el trabajo de Benicio del Toro en el filme, rodado en español

Icono de algunas generaciones y emblema de camisetas y pósters para otras que no lo conocieron, el Che tiene desde ayer para muchos otros el rostro de Benicio del Toro, el actor portorriqueño que ofrece una soberbia interpretación de la legendaria figura argentino-cubana: Ernesto Che Guevara. "¿Se puede dar una historia a una camiseta?", se preguntó Steven Soderbergh. "Así lo espero, pues hay mucho más que una camiseta. Estamos ante una buena situación: la gente conoce el nombre y conoce la imagen, pero no conocen la historia".

El cineasta compite en Cannes por la Palma de Oro, el galardón que lanzó su carrera con Sexo, mentiras y cintas de vídeo, hace casi 20 años. Desafiando las leyes del mercado, Soderbergh ha forjado una monumental reproducción de la vida del líder revolucionario en casi cuatro horas de película, y -lo que es aún más osado para una producción internacional con el objetivo de ser estrenada en Estados Unidos- rodada en español.

Así, Del Toro intenta reproducir el acento argentino del Che, el mexicano Demian Bichir imita el de Fidel Castro, el brasileño Rodrigo Santoro el de su hermano Raúl y así un largo etcétera de actores de varios países iberoamericanos. Pese a la mezcolanza, el director cree que una película debería funcionar más allá del sonido. "Se debería poder ver sólo las imágenes y que tuviera sentido", afirmó. Che se centra en los dos momentos en que Guevara decidió emprender la lucha armada, cuando combatió junto a Fidel Castro en Cuba y cuando se marchó a Bolivia. Dividida en dos capítulos, El argentino y Guerrilla, la película recibió una larga ovación tras la proyección, aunque la acogida de la crítica fue más moderada: aplaudió más la primera que la segunda parte.

Todos coincidieron en elogiar el trabajo de Benicio del Toro, que además coproduce la película. "La primera -admite Soderbergh- es más una película de Hollywood, la segunda es más artística". El actor fue al parecer quien inculcó a Soderbergh el interés por la figura del Che, y juntos comenzaron a gestar el proyecto después de rodar Traffic, la cinta con la que el portorriqueño consiguió su Oscar al mejor intérprete de reparto.

A los ojos de Soderbergh, el Che era una persona que "siempre elegía el camino más difícil". "Lo dejó todo dos veces en su vida para luchar por los demás, y eso no es algo normal", dijo. Para el director de Ocean's Eleven, los temas que cuestionó el Che siguen sin tener una respuesta en América Latina. El hecho de que el líder indigenista Evo Morales esté al frente de la Presidencia de Bolivia demuestra que el Che llegó 40 años antes de tiempo, sostuvo el cineasta, quien considera además que si en vez de haber sido latinoamericano hubiese sido anglosajón, su obra habría tenido una proyección mayor.

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