Sobrevivir del cuentoBeta, la llegada de la literatura en cadena

  • En el Campo de Gibraltar ya sólo quedan tres librerías, románticos en un sector en crisisEl barreño, uno de los de mayor tamaño de Andalucía, forma parte de una red de once centros

Los libros se asoman hoy en día en escaparates variopintos. Se consiguen en grandes almacenes, alineados cerca de los vaqueros en rebajas, en la papelería de la esquina y hasta en gasolineras, literatura sin plomo. Existen, también, espacios reservados en los que comprarlos es un acto con liturgia. Las librerías de toda la vida, las de las baldas con los genios inmortales y las ediciones añejas, tienden a rara avis. Ya lo son en realidad: en el Campo de Gibraltar quedan Ares en La Línea y El libro técnico en Algeciras e, inopinada aparición, se acaba de añadir Beta en Los Barrios. Los que sobreviven a la extinción batallan como románticos en un sector en crisis. ¿Por qué el negocio se ha reducido a una religión de tres?

En España la Ley de la lectura, del libro y de las bibliotecas, de 2007, obliga al editor a fijar el precio de sus novedades, a las que el librero sólo puede aplicar una rebaja máxima del cinco por ciento. Por cada ejemplar que se vende, en la cuenta del profesional se queda un 25 por ciento antes de gastos de ese precio inamovible. Dicho de otra forma, colocar un volumen de lo último de Carlos Ruiz Zafón, El juego del ángel, le representa al librero unos cinco euros y su ganancia será de unos dos euros si la transacción es por una edición de bolsillo.

"La rentabilidad es muy baja", entiende Lucía Ituiño Zubiaur, la dueña de Ares, en el centro de La Línea. En Ares, 31 años de historia, se presume con orgullo de ser la librería más antigua del Campo de Gibraltar. Ese orgullo aparece en la voz de Carlos Prieto Bravo, propietario de los 29 años de edad de El libro técnico, cuando recuerda lo que dijo de él Manuel Pimentel, ex ministro de Trabajo y fundador de la editorial Almuzara: "He encontrado a un librero en Algeciras". Los dos orgullos destilan esa honra del que sigue erguido bajo el temporal, sin renunciar a los principios.

"El margen comercial es limitado", confirma Luis Miguel Uceda, el encargado de la neonata Beta, en el Factory de Guadacorte. Es decir, resume Ituiño, hay desde luego negocios "más lucrativos". "Si no existe vocación no se puede mantener una librería. Si el romanticismo es hacer lo que te gusta, entonces sí, somos románticos", reflexiona. "Ser librero es una filosofía de vida, no una profesión", interviene Prieto.

Por lo tanto, "la clave es vender mucho", subraya Uceda, aunque "también prescindir de gastos", añade Prieto. Los tres expertos consultados coinciden: es un sector estable e incluso fluctúa al alza: se compra más. "En los 60 y 70 no se vendía ni para un favor", indica Prieto, que ha cerrado las tres semanas de la Feria del Libro de Algeciras con 155 ejemplares despachados de Ruiz Zafón, el título del momento, lo cual considera "una proeza".

Son esas ventas las que han posibilitado que las librerías no desaparezcan por completo del mapa urbano. La propia ley española destaca que el libro "es más que una mera mercancía", pero, por muy enriquecedor que resulte culturalmente, no alcanza la categoría de producto de primera necesidad, claro. O sea, que en su adquisión interviene el impulso y, en ese escenario, es importante disponer de un fondo generoso y de cualquier género y materia. En ese campo estos establecimientos especializados no tienen rival. Ares ofrece más de 15.000 títulos, Prieto calcula que trabaja con entre 20.000 y 30.000 y Beta tiene ahora 37.000 y llegará a los 100.000. En España se lanzaron 70.000 novedades en 2007.

Siempre es posible, además, requerir el volumen deseado. "Lo más importante del negocio es la distribución. Yo trabajo con una distribuidora con la que, a través de correo urgente, dispongo del libro que pido en 24 horas", resalta Prieto. Ares envía un sms al cliente cuando ha recibido el título solicitado.

El negocio se ha adaptado a los nuevos tiempos e incluso puede que la tecnología haya variado el ritual de comprar un libro. Lo que no cambia es ese intangible que los libreros proclaman de forma unánime como su capital e inigualable virtud: la complicidad y la cercanía. Todo sucede cualquier mañana de primavera: En Beta suena el teléfono. Una pequeña editorial de Castellar ofrece sus títulos, algunos de los cuales ya se pueden conseguir en la tienda. A El libro técnico pasa un señor que busca un volumen determinado, pero se lleva dos diferentes y diez minutos de charla. Cualquiera que entra a Ares no mira. Directamente acude a Gloria y Néstor, años detrás del mostrador, para ponerse en sus expertas manos.

Habla Carlos Prieto: "Es una profesión difícil, pero la más hermosa del mundo. Mi suerte es dedicarme a ella. Muchos días me dan las nueve de la noche y pienso 'vaya, ya tengo que cerrar'. Yo estoy deseando que llegue el lunes para volver a abrir".

La librería Beta, que abrió sus puertas el pasado mes de abril en el Factory de Los Barrios, es distinta a la linense Ares y a la algecireña El libro técnico. No se trata de un negocio familiar -o al menos ha dejado de serlo- sino un nuevo centro de una cadena especializada con once tiendas en Andalucía (la barreña, ocho en Sevilla, una en Córdoba y otra en Huelva) y tres más en proyecto, en Jaén -de próxima apertura-, en Granada y en Málaga. Bajo este modelo se encuentran las librerías que suelen surgir ahora.

Ser grande tiene sus ventajas y hablar de grande también es hacerlo de tamaño. Beta Los Barrios es la librería de una planta mayor de Cádiz y la tercera de Andalucía, por detrás de dos hermanas de la marca, la primera la ubicada en la calle Sierpes de Sevilla. En Guadacorte se ofrecen en estos momentos 37.000 títulos, pero se llegará a los 100.000 y el fondo de toda la cadena alcanza los 600.000. "Traemos todo lo que sale al mercado", asegura Luis Miguel Uceda, el encargado del centro barreño, que cuenta con siete empleados.

Beta, que por supuesto tiene su web oficial y acaba de sacar una revista propia bimensual, tiene programado en Los Barrios un ciclo de actividades paralelas a la venta de libros, cuyo comienzo es inminente. Se trata de presentaciones de títulos, cuentacuentos o jornadas literarias.

Así es una librería de una cadena fundada por los sevillanos María Cruz y José Velasco y a la que se ha incorporado incluso una editorial, la Almuzara del ex ministro Manuel Pimentel, que se ha hecho con un 20 por ciento del negocio.

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