Río de Janeiro se despide de Niemeyer

  • Miles de personas visitan la capilla ardiente del arquitecto brasileño en su localidad natal

El velatorio de Oscar Niemeyer, uno de los arquitectos más importantes, singulares e influyentes del siglo XX, fallecido la noche del miércoles pocos días antes de cumplir los 105 años de edad, fue abierto al público ayer en Río de Janeiro, la ciudad donde nació el conocido unánimemente como maestro de la curva. El alcalde de la ciudad brasileña, Eduardo Paes, dispuso el Palacio de la Ciudad, sede de la alcaldía, para que los habitantes de la urbe pudieran despedirse de los restos mortales de Niemeyer. Miles de personas desfilaron ante el féretro del arquitecto, adornado con numerosas coronas de flores y otras muestras de afecto y condolencia. Dos de las más señaladas, por cierto, llegaron desde Cuba: sendas coronas enviadas por Fidel y Raúl Castro. Después el edificio se cerró al público y se celebró una ceremonia de carácter íntimo a la que únicamente pudieron asistir los familiares y demás seres queridos del genial y revolucionario arquitecto, creador de Brasilia, la capital brasileña, un colosal proyecto que desarrolló entre 1956 y 1960 mano a mano con el urbanista Lucio Costa. Tras esta ceremonia privada en el Palacio de la Ciudad de Río de Janeiro, los restos de Niemeyer recibieron sepultura en el cercano cementerio de Sao Joao Batista, en el barrio de Botafogo.

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