Piratas, el expoliar se va a acabar

  • La UNESCO, harta del pillaje de barcos hundidos, trabaja en la entrada en vigor de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático · Sólo falta la ratificación de cuatro países

Como bien saben los piratas del siglo XXI, el fondo del mar guarda mucho más que peces y se han lanzado por ello a una vertiginosa carrera de pillajes, armados con avances tecnológicos para apresar barcos hundidos y saquear sitios arqueológicos.

Pero el expoliar se va a acabar. Eso es al menos lo que se ha propuesto la UNESCO, harta del pillaje que los cazatesoros hacen del Patrimonio Cultural Subacuático de la Humanidad.

El tesoro de 500.000 monedas que la compañía estadounidense Odyssey ha extraído de un buque bautizado Cisne Negro y que ahora España trata de recuperar en los tribunales de Estados Unidos es sólo uno de los muchos ejemplos de empresas especializadas en la búsqueda de pecios que actúan al amparo de un cierto vacío legal.

La máquina judicial puesta en marcha por España es similar a la que desplegó con éxito en el año 2000, también en Estados Unidos, en el caso de las fragatas Juno y Galga, hundidas frente a las costas de Virginia, y es reivindicar la propiedad de cualquier buque y su contenido con pabellón español o en el que tuviese intereses.

Odyssey, que trasladó la pasada primavera a Estados Unidos desde Gibraltar las 150 toneladas de monedas de oro y plata que había hallado, se niega a dar las coordenadas del pecio y dice que carece de datos para identificar el buque hallado en la operación Cisne Negro, pero mantiene que no es el barco mercante de bandera británica HMS Sussex, que naufragó frente a las costas de Gibraltar en 1694.

Ese velo de misterio que Odyssey ha corrido sobre la identidad del navío aumenta la sospecha de Madrid de que el barco es español.

Facilitar la resolución de ese tipo de litigios, pero ante todo proteger las "muchas maravillas que aún quedan por descubrir" en el fondo del mar son los fines que la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático, adoptada el 2 de noviembre de 2001, se ha marcado, según su promotora, Ulrika Koschtial.

Ya sólo quedan cuatro ratificaciones -hacen falta veinte- para que entre en vigor esta Convención que obliga a los Estados Partes a preservar el patrimonio cultural subacuático, recomienda su conservación in situ y prohíbe su explotación lucrativa o especulativa, así como su diseminación de forma irremediable.

Sólo faltan cuatro firmas y ya hay entre 30 y 35 países que están próximos a la ratificación, subraya Koschtial, quien espera que este acuerdo internacional esté operativo en 2008.

España y Portugal, dos países muy implicados en este proyecto desde su gestación, así como Ecuador, México, Panamá, Paraguay y Santa Lucía forman parte de los dieciséis actuales firmantes.

Pese a que el patrimonio cultural que se encuentra bajo el agua es tan valioso como el que permanece sobre tierra firme, es "muy sorprendente", según Koschtial, la falta de concienciación que existe con el subacuático.

"Hay gente que me llama a la UNESCO para preguntarme dónde pueden encontrar los tesoros. Es un gran problema, pues no comprenden que no se trata de tesoros sino de patrimonio cultural", señala.

"¡Es inimaginable que se tolere que una persona expolie toneladas de objetos en un sitio arqueológico terrestre, pero en el agua todavía sucede!", denuncia la promotora del tratado internacional.

Entre los famosos navíos cuyos pecios han sido destruidos para siempre por los cazadores de tesoros se incluyen el mercante holandés Geldermalsen y su precioso cargamento de porcelana china, el galeón español Nuestra Señora de Atocha y sus monedas de oro y plata; y el Tek Sing, uno de los últimos juncos chinos.

Y es que no es sólo la carga de los barcos, sino los barcos en sí lo que tiene valor y va más allá del monetario, ya que contienen información arqueológica valiosísima.

"Son como cápsulas del tiempo porque en un momento del naufragio todo va al fondo del mar y la vida se queda como suspendida", señala Koschtial, esperanzada en que gracias a la Convención aún se pueda preservar la mayor parte de los tres millones de navíos naufragados que se estima que todavía quedan por localizar.

Pero la riqueza subacuática engloba no sólo barcos sino que incluye también sitios arqueológicos de gran importancia, como las ruinas del Faro de Alejandría, una de las siete maravillas del mundo; la antigua Cartago, en el norte de África; los templos de Mahabalipuram y Dwarka, en India; así como las ruinas de numerosos poblados neolíticos aún por descubrir en el Mar Negro.

Una vez localizados y estudiados, todos esos tesoros deberían quedar en el lecho marino, donde se conservan mejor por la escasez de oxígeno, y fomentar el buceo turístico o crear museos submarinos, como el proyectado en el embalse de las Tres Gargantas, en China, o en la Bahía de Alejandría, según Koschtial, quien vaticina que los primeros abrirán sus puertas dentro de diez años.

Proteger todas estas maravillas del pillaje indiscriminado es "urgente", según la UNESCO, inmersa en una carrera contra reloj para evitar esa forma de piratería moderna que suponen los cazatesoros y su expoliación indiscriminada del Patrimonio de la Humanidad.

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