inés martín rodrigo

"Pionera, rebelde y siempre fiel a sí misma. Así fue Sofía Casanova"

  • 'Azules son las horas' recupera la figura de una mujer española precursora del periodismo de guerra

Nacida en 1861 en el seno de una humilde familia gallega, su don con las letras condujo desde bien temprano a Sofía Casanova a frecuentar las tertulias literarias que organizaba el conde de Valmar en el Madrid de José de Zorrilla y Ramón Campoamor. Desde allí, tuvo la oportunidad de recitar en la corte del rey Alfonso XII, quien, prendado por la belleza de sus versos, costeó personalmente la publicación de su primer poemario. Ese mismo ambiente le sirvió también para entablar amistad con los personajes más influyentes de la época, entre ellos el que pasó a ser su marido, el filósofo polaco Wicentey Lutoslawski, con quien recorrió media Europa, incluyendo la Polonia que habría de convertirse en su segunda patria. Sin embargo, la falta de aquel hijo varón tan ansiado por Lutoslawski, sumado a sus repetidas infidelidades, terminaron por romper el matrimonio. Casanova, lejos de asumirlo como una desgracia y volver a España junto a sus tres hijas, aprovechó su situación geográfica para retomar su amor por las letras, en esta ocasión transformadas en crónicas de los innumerables conflictos bélicos que vivió el viejo continente durante las primeras décadas del siglo XX y de los que fue testigo directo, convirtiéndose así en la primera corresponsal de guerra del diario ABC.

Es justamente Inés Martín Rodrigo, una redactora de ese mismo medio, quien casi 60 años después de su fallecimiento, ha querido recuperar la intensa biografía de esta pionera del periodismo en Azules son las horas, una novela publicada por Espasa, en la que Sofía Casanova, en su lecho de muerte, recuerda en primera persona su devenir vital. "Desde el primer momento tuve claro que no quería hacer una biografía, porque se hubiese perdido mucho de esa voz tan potente que ella tenía. Por eso me decanté por la novela, en la que se entremezcla el intenso trabajo de investigación periodístico, con las partes de ficción sobre las que se va formando la historia", explica la periodista y escritora madrileña, quien confiesa que su encuentro con Casanova fue algo fortuito. "Mentiría si dijese que conocía de antemano a Sofía. La descubrí leyendo un reportaje que se titulaba La periodista que entrevistó a Trostky. No tenía constancia de que se le hubiese hecho una entrevista al político ruso y menos aún que hubiese corrido a cargo de una mujer. Empecé a tirar del hilo y descubrí que aquella entrevista era sólo la punta del iceberg". Fue así como Martín Rodrigo se sumergió en un largo proceso de investigación y escritura que le llevó a ponerse en la piel de los innumerables personajes con los que se cruzó la corresponsal, algo que lejos de resultarle incómodo, valora como "toda una fortuna por poder compartir un momento de mi vida con ellos". Entre ellos hay grandes nombres de la historia del siglo XX, pero también personajes menos conocidos o incluso anónimos, como todos aquellos soldados a los que asistió cuando, durante la Gran Guerra, decidió trabajar como enfermera en Varsovia. "Sofía no sólo se pringaba las manos informando sobre la contienda, sino que se las pringaba literalmente trabajando para la Cruz Roja", defiende la autora, quien en todo momento reivindica a Casanova como una pionera.

Además de las 800 crónicas que escribió para ABC, la poeta gallega fue la segunda mujer en estrenar una obra en el Teatro Español -contando con el respaldo de Benito Pérez Galdós-, suya es la primera traducción a la lengua española de Quo vadis?, la novela del polaco Henryk Sienkiewicz. Su nombre fue barajado durante la década de los años 20 como candidata para el Nobel de literatura, algo que Martín Rodrigo no dudó en compartir en una entrevista con Svetlana Alexiévich, la ganadora de la pasada edición, pues ambas informaron sobre los conflictos de Europa del Este, aunque cada desde su propia época, tocándole a Casanova las dos Guerras Mundiales y la Revolución rusa, durante la cual se vio envuelta en un tiroteo callejero que afectó su vista para siempre, acabando totalmente ciega en sus últimos años. "Fue de los palos más duros que recibió en su vida. Sin embargo, ni siquiera privada de su sentido más importante dejó de escribir", algo que, considera la autora de Azules son las horas, "fue señal de su entrega y devoción por el periodismo".

De la Revolución bolchevique no sólo se trajo una incipiente ceguera, sino también el rechazo absoluto por el comunismo, algo que la llevó a simpatizar con el bando nacionalista durante la Guerra Civil española. "Sofía era una mujer producto de su época: creyente, monárquica y conservadora. Temía que lo que ella misma había vivido en Rusia ocurriese en España, y de ahí esa simpatía. Llegó a encontrarse con Franco en Burgos en 1938, a petición del dictador, quien quería hacer uso de la influencia internacional de Casanova. Sin embargo ella no tomó cartas en el asunto ni hizo nunca apología del franquismo", justifica la madrileña.

Y a pesar de esta larga biografía llena de logros y encuentros con grandes personajes del siglo XX, el nombre de Sofía Casanova está prácticamente enterrado en el anonimato. ¿Las razones? Para Martín Rodrigo hay fundamentalmente dos: "La principal, no hay que engañarse, es que se trataba de una mujer. Si hubiese sido un hombre la historia no le habría olvidado". "Pero también hay que tener en cuenta", añade la autora, "el hecho de que viviese la mayor parte de su vida fuera de España", muriendo en enero de 1958 en Poznán, Polonia, fecha que la escritora aprovecha para comenzar esta novela en la que una Sofía Casanova ficticia echa la vista atrás a la vida de una mujer que fue "pionera, rebelde y siempre fiel a sí misma".

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