Pasiones y pulsiones (encapsuladas)

Fiel a su universo formal escueto y minimalista y a la fábula como molde narrativo para desentrañar un mundo de pasiones y pulsiones en las que la crueldad convive con un romanticismo y una espiritualidad algo ingenuos, el surcoreano Kim Ki-Duk no da descanso a los distribuidores españoles con una carrera tan prolífica como irregular.

Después de sendos bodrios sin paliativos, El arco y Time, en los que en director parecía estar parodiándose a sí mismo en una versión rebajada de sus constantes pensada para agradar a su público occidental abusando de sus tics más superficiales, Ki-Duk regresa a la cartelera (su último filme, Dream, se presentará en el próximo festival de San Sebastián) con Aliento, una miniatura de cámara en la que vuelven a resonar los ecos de cintas anteriores, en su dibujo esencial y depurado (a veces hasta un extremo en el que asoma un involuntario descuido) de un triángulo amoroso en el filo de la navaja, una pequeña parábola de pasión, celos, muerte y redención que tiene como protagonistas a un presidiario mudo con vocación suicida, a una mujer desesperada, antigua novia del convicto que decide acudir a su rescate (y al de ella misma, claro está), y al caricaturesco marido de ésta, con quien vive una profunda crisis matrimonial.

Ki-Duk encapsula a sus excéntricos personajes en un universo metafórico en el que los paisajes kitsch de papel pintado y las canciones de karaoke se erigen como trasfondo irónico para un tratado de las relaciones que busca una cierta cualidad abstracta y fantasmal presente ya en otros títulos del director de Primavera, verano, otoño, invierno o Hierro 3.

El dilema reside aquí en dejarse llevar por el supuesto lirismo simbólico con el que Ki-Duk asume las reglas de su cuento o, por el contrario, enfrentarse a su microcosmos poético evidenciando su ingenuidad, su aire pasado de moda y su evidente juego reflexivo (es el propio Ki-Duk el que interpreta al vigilante que autoriza y controla los encuentros de la pareja en la celda de visitas de la prisión) sobre la posición del cineasta y el espectador en el proceso. Mucho me temo que uno está más cerca de la segunda opción.

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