Paco de Lucía marca un antes y un después en el prestigio de la guitarra

  • José Luis Ortiz, fundador de la Bienal de Sevilla y director de la de Málaga, atribuye al algecireño y a su eclosión en el último tercio del siglo XX la equiparación del toque con el cante y el baile

Lo contó Reyes Benítez, que habla con la sabiduría que sólo dan los muchos años. Antes nadie se atrevía a pasear con la guitarra colgada. Lo menos que se pensaba era que por allí iba un consumado juerguista. Ahora todos lo hacen, "y seguramente sólo lleven la funda". A su manera Reyes resumió el cuerpo principal de la conferencia que, en el marco del seminario Paco de Lucía, así pasen 60 años, pronunció en Algeciras José Luis Ortiz Nuevo, que bucea en las hemerotecas en lugar de en la memoria. Paco de Lucía es el responsable de que la guitarra haya alcanzado hoy la reputación y el prestigio que posee.

Los amantes del género le deben a José Luis Ortiz. Fundó la Bienal de Flamenco de Sevilla y ahora dirige la de Málaga, Málaga en Flamenco. Flamencólogo, ha investigado y aún estudia las raíces y la historia de una música que lleva toda la semana convocando en la Fundación de Cultura José Luis Cano a aficionados ávidos de saber de su genial paisano. Desde esa atalaya de información Ortiz proclamó ayer que Paco de Lucía marca un antes y un después en la guitarra y, es más, en el flamenco. El algecireño posibilitó que el instrumento trocara de "de súbdito a príncipe". Con él el toque adquirió la misma categoría que el cante y que el baile. "Faltaba el tercer pilar del flamenco, que en el último tercio del siglo XX, con la revolución que trajo Paco de Lucía, conquistó su espacio propio".

Ortiz, al que Juan José Téllez, coordinador de unas jornadas que concluyen hoy, presentó como el poeta, alabó a Paco de Lucía con cadencia y algunas rimas. Primero se remontó a los mismos orígenes del flamenco, para describir cómo el baile reinó en sus comienzos; cómo el cante, en los sesenta del XIX, encontró su lugar; cómo el baile recuperó protagonismo en el XX; y cómo, finalmente, Paco de Lucía sacó al toque de la dependencia.

"Paco es oceánico, gaditánico, titánico y veloz", lanzó Ortiz. "Con él el flamenco completó la plenitud de los tres poderes. Se produce lo que el mundo del flamenco reclamaba, gracias a su trabajo, su talento y por todo lo que es él y su obra".

"Paco emergió y trajo desparpajo, alegría, atrevimiento, disciplina, desafío, sentimiento, luz, rumba, hondura y conocimiento. Por eso consiguió infinitamente más de lo que su padre imaginó", subrayó el ponente. "Paco es una escuela y una bendición. Promueve un rumbo. Por él se reconcilian la sombra y el brillo", finalizó Ortiz casi recitando la trascendencia del algecireño más universal.

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