Ovación para Mónika Bellido y su grupo flamenco en el Cante Grande

  • La bailaora se entrega en un recital variado y pleno de intensidad

Mónika Bellido, en plena actuación en el Cante Grande. Mónika Bellido, en plena actuación en el Cante Grande.

Mónika Bellido, en plena actuación en el Cante Grande. / e.s.

Fue una noche especial. Y cerrada con una ovación de las que tardan tiempo en olvidarse. La bailaora Mónika Bellido y su grupo flamenco (las voces de El Lele y José Antonio Chacón y las guitarras de Fran de Algeciras y Antonio Martín) ofrecieron en la Sociedad del Cante Grande de Algeciras un espectáculo basado en la variedad, el dominio y la intensidad.

Sudaron la camiseta y lo dieron todo en la segunda actividad en el presente trimestre de esta entidad tras el recital inaugural del jerezano David Carpio y justo antes de que comiencen los actos de la XXV Palma de plata Ciudad de Algeciras.

La de Bellido fue una noche de reencuentros. La artista lo dijo antes de bailar. Muy emocionada, recordó con un serio nudo en la garganta sus inicios en el cuadro Soleá. Aquella fue una reunión de jóvenes talentos impulsada en la década de los ochenta del siglo pasado por el desaparecido tocaor Andrés Rodríguez, todo un activista de lo jondo fallecido a mediados de los noventa. Un personaje muy añorado y del que aún se habla con nostalgia en las tertulias flamencas. Por su memoria -y tras dedicar unas cariñosas frases al presidente honorario de la Sociedad del Cante Grande, José Vargas, destinatario de la Palma de plata del cuarto de siglo, la de este año- desfilaron aquellos años de ensayos y esfuerzos juveniles en la antigua sede de la peña, que estaba en la calle Huerta Ancla, entre la vía del tren y el teatro municipal Florida.

Bellido fue presentada al público por el periodista Alejandro Domínguez Saucedo. Natural y cargado de detalles que expone en su tono sincero, adelantó al respetable que la bailaora y su gente han sido capaces de conformar una apuesta muy completa, fresca, dinámica y elegante. Hablamos de dos horas de cante, baile y toque que no dejan indiferente. Al ortodoxo lo atrae, al que lo es menos lo entusiasma.

La protagonista de la noche lleva la friolera de once años al frente del Aula de Flamenco de la Universidad de Cádiz en el campus Bahía de Algeciras. Y además, acaba de inaugurar su propia escuela. Resultado: su gran capacidad como enseñante e indiscutible carácter mediterráneo (cálido, cercano y atento) han hecho que cuente con una muy numerosa legión de seguidores -aficionados jóvenes en su inmensa mayoría- que no fallan a su propuesta sobre las tablas. Entre el público se dejó ver el cantaor algecireño Antonio Madreles. Otro histórico de aquel y éste tiempo que sirvió de puente entre generaciones a una cita para el recuerdo.

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