Mujer, cine y sacrificio

La figura femenina dispuesta al sacrificio forma ya parte de la historia del cine desde los viejos esquemas del melodrama a sus sucesivas actualizaciones, de Fassbinder a Almodóvar, de Lars von Trier a Isabel Coixet. Para su debut en la dirección, la catalana Roser Aguilar acude de nuevo a este modelo para contar una historia de amor pasada por el quirófano y el transplante de órganos. Se trata aquí de reescribir y poner al día la mitología de la mujer romántica y abnegada, el dibujo de una peculiar, misteriosa e intransferible sensibilidad femenina que desarma con su fortaleza cualquier adversidad.

Más cercana a la estética indie de la Coixet que al distanciamiento reflexivo de un Fassbinder, Aguilar se adentra en el retrato de una pareja a través de los mecanismos del amor incondicional convertido en fuerza para el sacrificio, desde una calculada y minimalista sensibilidad para el detalle que refleje los matices de una mirada diferente a la habitual dialéctica de los sexos.

Sin embargo, Lo mejor de mí no consigue poner en buenas formas estas sutilezas diferenciales y se acerca peligrosamente, al menos en su primera mitad, al folletín melodramático televisivo con aires de modernidad urbana, así de forzada es la poética de sus diálogos, así de visible el esfuerzo de los actores (incluida Marián Álvarez, premiada en Locarno) por parecer creíbles y cercanos, así de acusada la tendencia a subrayar el texto más de la cuenta con gestos de estilo innecesarios o vacíos.

A pesar de todo ello, la película consigue equilibrarse en sus propósitos en su tramo final, y lo hace justo cuando la sobrecarga dramática (que nos lleva al terreno del amor quirúrgico con poca convicción realista) amenaza con distanciarnos aún más del artefacto. Es entonces cuando Lo mejor de mí parece olvidarse de la fórmula, de lo excesivamente atado, incluso de algunos personajes prescindibles (véase el padre que interpreta Lluís Homar), para afrontar con cierta valentía y originalidad una salida que la abre hacia territorios fértiles en los que el espectador puede vagar con cierta libertad de movimientos.

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