Literatura

Manolo Hugué, artista

  • Asteroide rescata la primera edición de la deliciosa biografía que el joven Pla dedicó al escultor catalán, un referente del género que no ha perdido frescura

Se habían conocido hacia finales de la segunda década del siglo, cuando el artista regresó de París tras el final de la Gran Guerra. Nacido en 1872, Manolo Hugué era mucho más joven que Pla, pero ambos congeniaron de inmediato. Les unía el gusto por la conversación y una decidida profesión de llaneza. Años más tarde, en 1927, el escritor ampurdanés fue a visitar a su amigo en su casa de Prats de Molló, y con los materiales recogidos tras una concienzuda serie de entrevistas compuso esta deliciosa biografía, que marcó un hito en la trayectoria del género y sigue siendo uno de los libros más hermosos de Pla. La reedición de Asteroide ha tenido el acierto de rescatar, en una nueva traducción de Jordi Amat, la primera versión (1928) de un texto que el autor publicó en catalán y luego revisaría e iría ampliando, en su propia traducción castellana de 1947 -existía otra anterior de Juan Chabás- y en todas las ediciones posteriores a la muerte de Hugué, ocurrida en 1945. Esta primera versión -la más breve, escrita a partir de fuentes orales por un joven de treinta años que no era todavía el Pla disfrazado de payés que jugaba a parecer un aldeano perplejo- conserva la frescura que no tuvieron los pasajes añadidos posteriormente, redactados sin el concurso del artista.

Marcando el camino que seguiría su contemporáneo Manuel Chaves Nogales en su posterior y asimismo imprescindible Juan Belmonte, matador de toros (1935), Pla cedió casi por completo la palabra al biografiado, desapareciendo de la escena para dejar el protagonismo de la narración a su admirado amigo. En su bien hilvanado prólogo, el traductor ha contextualizado muy bien el momento de aparición de Vida de Manolo, citando obras coetáneas de Lytton Strachey y Emil Ludwig -o André Maurois: era la moda de la vie romancée- y mencionando como modelos dos clásicos por los que Pla sintió predilección a lo largo de toda su vida, la Vida de Samuel Johnson de James Boswell y las Conversaciones con Goethe de Eckermann. Pero al margen de su novedad -el propio autor, en un alarde de modernidad, define su libro como un reportaje-, el planteamiento de Pla estaba concebido, no podía ser de otra manera, bastante más a ras de tierra, de ahí la invitación preliminar -tan planiana- a "ver las cosas desde dentro y desde abajo".

Así es que tras una breve presentación, sin mayores preámbulos, el autor deja al lector a solas con su personaje, que de cuando en cuando expone, en alguna pincelada, sus criterios en materia de arte, pero más a menudo refiere los hechos sin perderse en complejas consideraciones programáticas, muy alejado -ambos desdeñaban más que ninguna otra cosa la pedantería- de la grandilocuencia habitual cuando se trata de artistas. Aquí no hay, dice Pla, "un solo gramo de estética ni de metafísica ni de filosofía del ramo". Siempre atento al detalle concreto, el biógrafo busca la vida y solamente la vida. "He querido escribir un libro sobre un hombre; he tratado de captar -para decirlo brevemente- la sombra de un ser vivo". Pla recogió sus palabras, las transcribió, las ordenó y las dispuso en un monólogo que es toda una lección de sabiduría narrativa, desde el comienzo mismo de la intervención de Hugué: "A mi padre -empezó contando con su voz un poco impertinente, nasal-, a mi padre le gustaba la aventura y a mí también me ha gustado".

Nacido en un entorno muy humilde, Hugué logró convertirse en uno de los referentes del arte contemporáneo nacido del Noucentisme, gracias a la tenacidad, el esfuerzo y el talento invertidos en una trayectoria repleta de obstáculos que tiene -dice con razón Amat- trazos de picaresca, sólo que pasada por la bohemia parisina, que le permitió tratar a personalidades como Picasso, Albéniz o Moréas. Pero lo de menos son los grandes nombres. La conjunción de las peripecias de una vida tan novelesca con el estilo famosamente fluido de Pla no podía por menos de materializarse en un libro que, desde su aparente modestia, ofrece un relato deslumbrante, por lo que revela del personaje y, sobre todo, por la vívida reconstrucción de una época que aparece retratada de primera mano, desde la perspectiva de esos figurantes imprescindibles en la representación de la aventura modernista y de las vanguardias que, como los personajes de Cansinos Assens en La novela de un literato, ofrecen el necesario contrapunto para disfrutar del espectáculo en toda su regocijante variedad humana. Paradójicamente, el éxito de Vida de Manolo ha eclipsado, dicen los estudiosos, la obra de Hugué. Tal vez haya ocurrido así, pero como sugiere Pla, el itinerario de este hombre singular habría sido igual de interesante y aleccionador si no hubiera ejercido como artista.

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