Low lleva a Sevilla su intenso rock emocional

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"Creo que me preguntan más veces por mi religión en las entrevistas que en la vida normal. Y me lo tomo como algo positivo", contesta con amabilidad Alan Sparhawk, guitarrista y guitarrista del grupo norteamericano Low, cuando se le interpela por un detalle llamativo a ojos del espectador español: su fe mormona. Sin embargo, creencia y esperanza son términos que se repiten en su discurso, asideros contra la desesperación presentes en cualquier faceta de la vida cotidiana o de la actualidad. "Sí, creo que marcará una diferencia -dice, por ejemplo, respecto a la reciente elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos-. Hay un nuevo ambiente de esperanza en América. Bush se cargó definitivamente la creencia de la gente en el futuro, y eso corta muy profundo en el alma de las personas. La esperanza es sanadora".

En activo desde 1993, Low ha mantenido a lo largo de los años un formato de trío con Sparhawk y su mujer, Mimi Parker (voz y percusiones), como núcleo duro. El puesto de bajista, tras varios cambios, lo ocupa actualmente Matt Livingston, presente ya en la grabación de Drums and Guns, décima y última entrega en una imponente trayectoria discográfica jalonada por varios títulos mayúsculos -entre ellos, Long Division (1995), Things We Lost in The Fire (2001) y The Great Destroyer (2005)-.

Residentes en Duluth (Minnesota) -amén de cuna de Bob Dylan, una de las ciudades más frías de Estads Unidos-, Sparhawk y Parker han hecho de la lentitud no sólo una seña de identidad, sino sobre todo una herramenta básica a la hora de crear canciones de insondable intensidad emocional. "Es tanto una cuestión estética como un estado de ánimo", explica Alan, reconociendo que "aunque siempre hemos experimentado en el estudio, Drums and Guns es lo más lejos que hemos llegado".

Lo dice respecto a la introducción en el álbum de un elemento novedoso, la electrónica, fruto, probablemente, de la producción llevada a cabo por Dave Fridmann, el hombre tras la mesa de mezclas en grabaciones de The Flaming Lips, Luna, Weezer, Mogwai, Sparklehorse, The Delgados y Dot Allison, entre tantos otros. El ex Mercury Rev estuvo también presente en la anterior entrega de la banda, The Great Destroyer, quizás la más accesible. "Destroyer fue la culminación de un camino que habíamos seguido a lo largo de varios discos. Drums and Guns es probablemente uno de los pocos álbumes del año pasado con un sonido verdaderamente nuevo y original", afirma sin asomo de modestia.

No obstante, aquel título no llamó sólo la atención por su instrumentación, sino sobre todo por su contenido político. Las alusiones a la guerra de Iraq eran claras, aunque para Sparhawk sólo fueran la ejemplificación contemporánea de un mal extemporáneo. "Bueno, es obvio por los últimos 100 años de historia que, por mucho que intentes verlo de manera positiva y por mucho que intentes ser consciente de cómo funciona la sociedad, sin importar lo rápido que lo veas ahora por la tele, la humanidad tiende a destruirse a sí misma y a todo lo que le rodea. Pero por otra parte, también creo que está Dios, que nos quiere y que intenta hacernos superar esto", señala.

Alan es igualmente claro al denunciar la invisibilidad de aquello que llama esto. "Las acciones de Estados Unidos en Iraq han sido una atrocidad instigada por tipos egoístas y sedientos de poder -apunta-. Afganistán, por su parte, ha sido la guerra oculta en nuestro país, ya que nadie la entiende del todo y la mayoría de ciudadanos ni siquiera ha escuchado nada al respecto, quitando a las familias de esos soldados que han vuelto de allá con algunas de las historias más cruentas que jamás he podido escuchar".

En el fondo, subyaciendo como un problema de partida, atisba el músico la proverbial indiferencia histórica con que Estados Unidos ha mirado incluso a su entorno cercano. "El país se construyó sobre un desesperado intento de unirse ante las monarquías europeas -comenta-. Incluso cuando se extendía hacia el oeste, el gobierno tenía que ir atándolo todo en corto. El nosotros contra ellos es un arma muy eficaz de propaganda para mantener a la gente alerta. Son generaciones y generaciones de paranoia".

Pese a semejante panorama, Sparhawk mantiene intacta su esperanza, ésa que cuando se le pregunta qué le provoca tristeza y qué le infunde alegría lo lleva a contestar con lúcido laconismo: "La verdad".

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