López Chaves destaca por su firmeza en Las Ventas

  • La corrida de Adelaida Rodríguez desluce el festejo. José Calvo confirma en Madrid y Palacios es silenciado en su lote

Tarde de poco contenido artístico la que tuvo lugar en la plaza de toros de Las Ventas, con motivo del cuarto y último festejo de la feria de la Comunidad de Madrid. Una corrida que estuvo condicionada por el juego de los toros de Adelaida Rodríguez, menos el primero, hierro que tomó antigüedad.

Lo más destacado, sin duda, fue la seria tarde que ha dado López Chaves, que ha sido ovacionado tras pinchar mientras que José Calvo y Andrés Palacios han sido silenciados en su lote.

En el primer toro confirmó la alternativa José Calvo, que realizó una labor sin demasiado con su primer toro de Madrid, de nombre Cabañoso, que reponía por el derecho enseguida pero que embestía con gran nobleza-

No se encontró a gusto Calvo y no vio ni el sitio ni las distancias. Al natural tan sólo encontró acople en una embestida más franca en la que dejó largura y templaza. Calvo lo intentó con el cuarto, pero anduvo desconfiado por la nada franca condición del manso. Por el izquierdo se vio sorprendido ante un toro que se acostaba por ese lado y que a punto estuvo de prenderle. Volvió a dejar patente su mal uso del verduguillo.

López Chaves tampoco consiguió encontrar la llave del éxito con el segundo. Firme el salmantino, corrió bien la mano a media altura y sin apreturas, antes de que se rajara el toro a partir del tercer muletazo. Por el izquierdo, toreó para afuera siempre y se amontonó, antes de matar de un feo bajanazo.

Con el quinto sí que tuvo una mejor actuación. Salió muy decidido, hincándose de rodillas para recibir al toro con una larga cambiada muy apretada. Ya con la muleta, toreó muy despacio y se acopló a una suave, descastada y sosa embestida, sobre todo en una tanda por la derecha en el comienzo de faena.

El de Adelaida Rodríguez se fue rebrincando poco a poco, pero Domingo lo cuidó ya que cuando lo obligaba se iba al suelo. Faltó mayor casta al toro, pero el de Ledesma estuvo por encima e inteligente, poniendo todo él. Se precipitó a la hora de matar y perdió la oreja que tenía ganada.

El albaceteño Andrés Palacios intentó abrirse de capote con el tercero pero todo quedó deslucido por la mansa condición del toro, que ya se paró en el inicio, y embistió de lado y arreones, apretando para los adentros.

El albaceteño puso todo de su parte pero al toro le costaba un mundo quedarse a dar pelea. A base de tesón, pero algo al hilo, sacó algún muletazo templado y de mano baja. A partir de mitad de faena, el animal cortó el viaje y se defendió, poniendo los pitones en la axila del diestro en más de una ocasión.En el sexto corrió la mano en un trasteo carente de estética artista a la que acostumbra. Estuvo acelerado por el derecho y vulgar al natural.

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