Historia (marginal) de una mentira

Drama, Francia, 2009, 105 min. Dirección: André Téchiné. Guión: A. T. y Odile Barski. Intérpretes: Emilie Dequenne, Catherine Deneuve, Michel Blanc, Nicolas Duvauchelle.

Las dos últimas películas de André Téchiné (Rendez-vous, Los juncos salvajes, Lejos) vienen propulsadas por una vertiginosa velocidad de crucero en su voluntad de narración coral cercana a los presupuestos novelescos para dar pinceladas sobre la sociedad francesa contemporánea. Si en Los testigos el sida era el epicentro contagioso para una tupida red de personajes y relaciones, La chica del tren tiene en su núcleo una historia inspirada en hechos reales acontecidos en 2004, cuando una joven realizó una falsa denuncia de agresión de carácter antisemita que suscitó un encendido debate público en la sociedad francesa.

A Techiné no parece interesarle tanto el caso en sí, sus connotaciones morales o políticas, como el personaje de la chica y sus circunstancias. Asistimos así al retrato veloz, externo y entrecortado de la vida de una joven de la periferia parisina (Emilie Dequenne, la Rosetta de los Dardenne) que vive con su madre viuda (Catherine Deneuve), a sus paseos en patín por la ciudad, a su desconcierto en busca de una identidad y una posición en la sociedad, a sus encuentros con un joven con el que establecerá una relación finalmente truncada.

Techiné se destapa no sólo como un narrador preciso y directo, sino como un observador atento a los pequeños detalles que se escapan del relato, a un gesto, a una mirada, a un movimiento fugaz, a los flujos de la banlieu azotada por el ruido de los trenes de cercanías, que se hace presente a través de una puesta en escena impresionista.

La segunda parte del filme (las consecuencias) nos traslada a otro territorio tal vez menos estimulante aunque igualmente abierto a nuevas sensaciones fílmicas y a derivas insospechadas: el del corazón noble de la ciudad y el de unos personajes, el abogado judío antiguo amigo de la madre de nuestra protagonista, que se hará cargo de la nueva situación tras la falsa denuncia de agresión. Es entonces cuando se cruzan dos mundos destinados a darse la espada, premisa novelesca que, en cualquier caso, sigue abierta a ese impulso narrativo que establece nuevas e insospechadas relaciones.

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