Hermoso y sincero cuento de Navidad

La Navidad no admite medias tintas: se la ama o se la odia. No me refiero a la festividad religiosa, que unos ignoran y otros viven en sus conciencias, sus casas y sus templos, sino a la Navidad sentimental que la Inglaterra victoriana donó o impuso -según se sea amante de ella o no- a la humanidad. Es la Navidad de las luces en las calles, los abetos adornados, la filantropía, el sentimiento desbordado, la memoria de felicidades pasadas, los renos, el muérdago, los regalos y Santa Claus.

Grandes escritores han escrito relatos maravillosos sobre esta Navidad sentimental, desde el fundacional Canción de Navidad de Dickens (1843) hasta el conmovedor cuento autobiográfico de Truman Capote Una Navidad (1983), que les recomiendo calurosamente y termina con estas palabras que una tía solterona le dirige al niño que fue Capote, después que su padre, borracho, le dijera que Santa Claus no existe: "Por supuesto que Papá Noel existe. Sólo que es imposible que una sola persona haga todo lo que hace él. Por eso el Señor ha distribuido el trabajo entre todos nosotros. Por eso todo el mundo es Papá Noel. Yo lo soy. Tú lo eres. Incluso tu primo Billy Bob lo es. Ahora duérmete. Cuenta estrellas. Piensa en la cosa más apacible. Como la nieve...". El cine también ha ofrecido hermosas historias de Navidad, destacando De ilusión también se vive de George Seaton (existe una correcta versión posterior de Les Mayfield titulada Milagro en la ciudad), ¡Qué bello es vivir! de Capra, Pesadilla antes de Navidad de Burton o Polar Express de Zemeckis.

Al filón de la primera se apunta esta película amable y espectacularmente bella rodada en asombrosos paisajes de Laponia. En esta ocasión no se trata de la aparición de Santa Claus en Nueva York, sino de su vida en las remotas regiones heladas desde la infancia hasta convertirse en quien hoy es y siempre será. Un niño huérfano que agradece con modestos regalos la hospitalidad de quienes le acogen es, según el debutante realizador finlandés Juha Wuolijoki (que como guionista y realizador televisivo obtuvo el primer premio en el Festival de Televisión Montecarlo), el origen de la leyenda.

Lógicamente su película complica las cosas y enfrenta el egoísmo a quien será el símbolo mundial de la generosidad, haciendo triunfar finalmente la bondad. Para eso es un cuento de Navidad.

Mayor éxito mundial de la historia del cine finlandés, que hasta ahora sólo obtenía reconocimiento internacional gracias a la obra minoritaria de Kaurismaki, La leyenda de Santa Claus se estrena en 100 países, desde Estados Unidos a China, este mes de diciembre. La clave de su éxito no está en la necesidad de llevar los niños al cine en estos días en los que el puente es presentimiento de vacación. Muy al contrario: la competencia es feroz y la cartelera se va llenando de ofertas infantiles. La clave está en su excelente realización y, sobre todo, en su capacidad para fundir magia y realidad, leyenda y paisaje, belleza sentimental y belleza natural; lo que, mira por donde, recupera una tradición porque el sentido dramático del paisaje hizo la fortuna del cine nórdico en los tiempos del cinematógrafo mudo. Juha Wuolijoki ha logrado contar de forma distinta -muy sincera y personal- una historia que millones de espectadores quieren oír; y ésta es la fórmula magistral del éxito popular.

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