Elemental, querido Watson

  • Joel Silver y Guy Ritchie resucitan (y entierran) al mítico detective de Baker Street creado por Conan Doyle en busca de una nueva y rentable franquicia

En La morte rouge (2006), joya invisible del último cine español, Víctor Erice rememora su primera experiencia como espectador de cine. El director de El Sur reconstruye desde el presente aquel estremecimiento primero ante las imágenes de una película, La garra escarlata (The scarlet claw, 1944), protagonizada por Basil Rathbone y Nigel Bruce, los dos actores que mayor gloria dieron a una serie de títulos producidos por Universal en los años cuarenta (El perro de los Baskerville, La voz del terror, El arma secreta, Casa de locos, La mujer araña, La perla maldita, La casa del miedo…), exquisita muestra de serie B, protagonizada por la sagacidad deductiva del detective Sherlock Holmes y su inseparable colega el Doctor Watson.

Para Erice, el cine, Holmes y Watson se convertían en una puerta de acceso al misterio de la ficción pero también al misterio de la realidad, una puerta que no ha dejado de cruzar una y otra vez modelando la materia, la luz y los sonidos, en busca de una arcadia que se desvanece irremediablemente con la erosión del tiempo.

El ejercicio de recuperación y memoria autobiográfica de La morte rouge nada tiene que ver con esta nueva resurrección del personaje creado por Arthur Conan Doyle en 1887 (4 novelas y 56 relatos, publicados en The Strand Magazine) que ahora nos proponen el productor Joel Silver (Arma Letal, Matrix) y el director británico Guy Ritchie (Lock and Stock, Snatch, cerdos y diamantes, RocknRolla).

Agotado ya el tiempo de la mitología, este nuevo Sherlock Holmes parece más bien destinado a ese nuevo público ajeno a toda cultura literaria para el que la Inglaterra victoriana no es sino el decorado retro de un videojuego de aventuras con vestuario de época para los cuerpos musculados de dos nuevos superhéroes de rostro familiar (Robert Downey Jr. y Jude Law).

No parece así que esta nueva versión, hipertrófica y espectacular según cuentan crónicas fiables, vaya a respetar las esencias de un original que, década a década, serie a serie, ha visto cómo el cine y la televisión se encargaban de agrandar y expandir su leyenda como uno de los textos de mayor éxito de la literatura popular.

De una primera versión datada en 1900 (Sherlock Holmes Baffled) a la muy recordada, crepuscular y romántica La vida privada de Sherlock Holmes (1970), de Billy Wilder, pasando por las licencias cómicas de Buster Keaton en Sherlock Jr. (1924), los especialistas certifican la existencia de más de doscientas versiones cinematográficas protagonizadas por Holmes y Watson, ya sea a partir de relatos de Conan Doyle o en argumentos originales creados para el cine.

Si la serie protagonizada por Rathbone y Bruce y dirigida por Roy William Neill ocupa un lugar de honor en la filmografía holmesiana, encontramos precedentes ilustres en otra serie de títulos producidos en Inglaterra a comienzos de la década de los veinte, The adventures of Sherlock Holmes, dirigidos por Maurice Elvey y George Ridgewell y protagonizados por Eille Norwood y Hubert Willis.

El cinéfilo puede rastrear también la pista de Holmes en la versión de El perro de los Baskerville (1958) protagonizada por Peter Cushig y dirigida por Terence Fisher para la Hammer, en Elemental Dr. Freud (1975, Herbert Ross), con Robert Duvall en el papel de Watson, en Asesinato por decreto (1978, Bob Clark), protagonizada por Christopher Plummer y James Mason, en El secreto de la Pirámide (1986), de Barry Levinson, un primer intento de acercar el personaje al público infantil de la era Spielberg, en Sin pistas (1988, Thom Eberhardt), con Michael Caine y Ben Kingsley como protagonistas en un reparto de libro, en la inevitable parodia de turno a lo Mel Brooks (El hermano más listo de Sherlock Holmes, 1975, Gene Wilder), o incluso en la cinta de animación Basil, el ratón superdetective (1986), una producción Disney con narración de Vincent Price.

Los amantes de las rarezas y el exotismo pueden encontrar también versiones alemanas, suecas, checas e incluso venezolanas o brasileñas (O xangô de Baker Street, 2001).

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