Animación global 'made in Spain'

Animación-aventuras 3-D, España, 2012, 90 min. Dirección: Enrique Gato. Guion: Neil Landau y Enrique Gato. Música: Zacarías M. de la Riva.

La inercia crítica saludará con entusiasmo el hecho de que Las aventuras de Tadeo Jones, prolongación en largo de una serie de premiados cortos de Enrique Gato con el mismo protagonista, un obrero que sueña con ser arqueólogo en aventuras exóticas, venga a situar la animación digital española a un más que digno nivel de competencia con las grandes marcas y franquicias internacionales, proponiendo desde aquí un producto de clara vocación exportadora y sin complejos de inferioridad.

Nada que objetar, aunque aquí no estemos, al menos todavía, para hacer promoción gratis de la buena salud creativa, profesional o industrial de nuestro cine.

A este crítico le corresponde aparcar la tendencia al chovinismo para dilucidar qué hay de interesante, de singular o de fallido en la propuesta. Y, en efecto, Las aventuras de Tadeo Jones funciona bien como producto de lujo para el público infantil (con guiños adultos) reelaborado a partir de referentes de sobra conocidos, desde el viejo cine clásico de aventuras a su reescritura vía Indiana Jones, cruzado con elementos propios del universo Pixar (los característicos animales y personajes secundarios estereotipados que funcionan como constante contrapunto cómico) y de la nueva estética tridimensional, desde el multiperspectivismo a la experiencia sensorial vertiginosa propia del parque de atracciones o los videojuegos. O lo que es lo mismo, y como ocurría también en Planet 51, su más ilustre predecesora, se trata de un producto de vocación global sin ninguna seña de identidad española en su superficie más allá de algún chiste de dudosa corrección política o de algún gesto de doblaje.

Con todo, en su borrado de marcas locales y en su asimilación a los modelos mainstream norteamericanos (tanto en su diseño y en su estética como en su deriva argumental y en su inevitable moraleja), hay algo en este Tadeo Jones que todavía nos recuerda las limitaciones que, a pesar de un presupuesto de casi 10 millones de euros, existen entre nuestros prodigios informáticos y sus equipos: ni el diseño de personajes (impersonal y algo rígido a mi juicio), ni el cuidado de los detalles que han hecho de Pixar o Dreamworks los referentes a seguir, a saber, la expresividad facial, los colores, las texturas, los brillos, las sombras o, muy especialmente, el tratamiento capilar (aquí un auténtico casco de plastilina digital), consiguen elevar la calidad de la animación a unas cotas de verdadero deslumbramiento visual; que es, básicamente, de lo que se trata cuando se compite en la champions league de los productos altamente tecnológicos para el mercado internacional.

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