Alejandro Sanz ultima la gira en la que narra un sueño que nació en Algeciras

  • "Cuando quieres algo, lo mejor que puedes hacer es agarrarte muy fuerte a él y luchar por ello", apunta 'Sirope' cuenta una historia personal del artista que traerá a Las Palomas el 1 de agosto

Alejandro Sanz se encuentra estos días inmerso en los ensayos de la gira de presentación de su último álbum que le llevará a Algeciras (1 de agosto), de donde es hijo adoptivo y recibió recientemente la propuesta para ser embajador. La tierra de su padre en la que además vio su primer concierto (de Joan Manuel Serrat) y donde, durante una actuación del genio algecireño Paco de Lucía, soñó con subirse a un escenario.

Precisamente esto es lo que intenta narrar su nuevo álbum, según afirmó ayer en una entrevista concedida a los medios por el propio Alejandro Sanz: "Sirope cuenta la historia desde que empecé a tener el sueño de subirme a un escenario hasta que por fin me subo. Es una forma de decirle a la gente que cuando tienes un sueño, lo mejor que puedes hacer es agarrarte muy fuerte a él y luchar por ello", revela.

El hijo adoptivo de la ciudad comenzó a apretar el acelerador hace 25 años cuando publicó Viviendo deprisa (1991) y se convirtió en un bólido sin apenas "pit stops" que, ante su próxima gira multitudinaria, reconoce que en esa carrera -nunca mejor dicho- es normal perder a veces el norte.

"En el camino del éxito, en cualquier profesión, siempre hay momentos en los que pierdes la perspectiva. Hay momentos en los que crees que tienes que salvar el mundo, otros en los que crees que nunca habrá nadie que te baje de ese escenario y que siempre estará todo lleno. Luego la vida te da un par de zascas y te devuelve a la realidad", confiesa el músico.

En esa mirada atrás a sus inicios, hubiera sido una falta importante no recuperar una canción mítica como Pisando fuerte, que no había vuelto a cantar desde su primera gira. Por ello, Sanz adelantó que para este "tour" volverá a cantar ese tema de post-adolescencia. "Eso sí, la hemos reinventado porque, si no, no había manera de introducirla", apuntó.

Una vez más es Luis Pastor quien se encarga de la escenografía, bajo la atenta mirada y la opinión de Sanz. "Durante una semana entera me siento a ver el concierto sin subirme al escenario y lo único que hago es observar qué está pasando, cómo la escenografía está contando la historia", dice.

En su opinión, esta gira "es muy roja, como el sirope", y como en el caso de la anterior, la de La música no se toca (2012), vuelve a tener en el techo uno de sus puntos fuertes. Un gran diamante formado por tubos de led sube y baja rodeado de un mar ondulante de estructuras triangulares, formadas igualmente por tubos luminosos mientras canta Un zombie a la intemperie.

"Yo me cago de miedo aún cada vez que me subo a un escenario. Me siento muy responsable de lo que va a pasar y quiero que a la gente se le devuelva lo que ha pagado", asegura.

Sanz repite la fórmula de equilibrar el número de hombres y mujeres en la banda que lo acompaña. Esa es su gran prioridad, dice, la elección de los músicos.

"Si son buenos, da igual que sean chicos o chicas. (Históricamente) ha habido menos mujeres porque hasta ahora no se las llevaba si no era en los coros, así que por otro lado no se animaba a otras chicas a tocar, por ejemplo, la trompeta", opina Sanz, que cuenta entre sus filas con Brigitte Sosa al bajo.

Para él, esta fórmula hace además que la convivencia sea mucho mejor. "Las giras tienen más que ver con la vida normal. Un tour sólo de hombres es un peñazo", bromea.

Ese mismo gracejo, medio madrileño, medio andaluz, fue lo que le llevó en parte a titular su último disco bajo un apelativo tan vívido y almibarado como Sirope. "Cuando yo era chico, a mí el 'Get up' de James Brown me sonaba 'sirope'. Además, el título tiene la guasa de que estoy de azúcar hasta las cejas", explica el cantante ante los miles de comentarios que todo esto suscitó en las redes sociales.

Igualmente apuntó que todavía no sabe si participará en la próxima edición española del concurso de televisión La Voz, que acaba de culminar su emisión.

"Yo me lo he pasado muy bien y me han hecho sentir muchas cosas que ya casi no recordaba con mi gente y con mi tierra. Ha sido muy importante", señaló sin hacer referencia a futuras ediciones. Eso sí, a sus 46 años, afirma tener muy claras sus prioridades. "Sé perfectamente lo que quiero y estoy donde quiero estar", apostilló Sanz.

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