"Ágora' es un homenaje a los que han mirado al cielo"

  • Tras su paso por Cannes, Amenábar se enfrenta al estreno mundial de su nueva cinta, un filme épico sobre la vida de la filósofa Hipatia en la Alejandría de hace 2.000 años

Tras su paso por Cannes, Alejandro Amenábar se enfrenta esta semana al estreno mundial de su nueva película, Ágora, un filme épico sobre la vida de la filósofa Hipatia, para lo que regresa a la Alejandría de hace 2.000 años y cuenta con un reparto internacional formado por Rachel Weisz, Max Minghella y Oscar Isaac. El cineasta, que no descarta volver a sus orígenes de Tesis y recuperar en su próximo filme el género de terror, explica que Ágora, con un presupuesto de 50 millones de euros, es fruto de su "amor por la astrología" y un intento por "sorprender al espectador", tras descubrir, durante tres años de investigación, al personaje de la filósofa y astrónoma Hipatia. Rodada en Malta y con un guión para el que ha vuelto a contar con la colaboración de Mateo Gil, por primera vez Amenábar no se ha encargado de la banda sonora, que ha cedido a Darío Marianelli, responsable de la música de cintas como Expiación o Orgullo y prejucio, para que "aportara una luz diferente".

-¿Tras películas como Mar adentro o Los otros, es Ágora un cambio radical en la carrera de Amenábar?

-Sí, pero todo este cambio nace de la astronomía. Cuando me empecé a interesar por esta ciencia decidí hacer una película sobre ella y más en concreto sobre algún astrónomo, como es el caso de Hipatia, una alejandrina del siglo IV después de Cristo.

-¿Le preocupa que la gente vaya al cine pensando en que va a ver 'una de romanos'?

-A mí me gusta sorprenderme como espectador, así que si la película ofrece al público algo inesperado no tiene por qué ser necesariamente negativo. Pero creo que la gente sabe que va a ver una película en la que se denuncia la intolerancia y se habla de la astronomía.

-¿Qué es exactamente Ágora?

-Es un largometraje difícil de clasificar y es la que menos se parece a mis películas anteriores. Es un filme en el que a través de la historia de una mujer se dibuja la historia de una civilización y de un planeta.

-¿La astronomía tiene mucho peso en el filme?

-Sí, es un homenaje a los que han mirado el cielo, ese cielo que vemos y que no vemos, y se han hecho preguntas y han encontrado respuestas. Ellos son los auténticos héroes de esta película, un tributo a los que no utilizan la espada sino la cabeza, porque en un contexto de armas, la heroína es la que no las utiliza.

-¿El tema religioso está también presente?

-Sí, la película devuelve a la vida una religión muerta, como es el paganismo y que podría tener muchas conexiones con la situación actual, con una gran religión en crisis y los templos vacíos. En ese momento surge una religión que tenía más intereses, el cristianismo, y acabó dominando a todas. La religión es una parte importante en la vida de los científicos, como ocurrió con Darwin, Galileo, Kepler y Einstein; e Hipatia se convierte en mártir no por sus ideas científicas, sino las políticas, algo que podría conectarla directamente con Jesús.

-¿Quién es Hipatia?

-Tras tres años de investigación es difícil saber quién es. El proceso de búsqueda fue parecido al de Mar adentro en un intento de llegar a la esencia del personaje, comprenderlo y rescatarlo. Todo lo que sabemos es a través de las cartas de Sinesio de Cirene, en las que se aprecia que sus mejores amigos eran cristianos, que se se empeñó en ocupar un puesto intelectual en la sociedad, que vestía como un filósofo, que se negó a ser bautizada y que murió virgen.

-¿Por qué la actriz británica Rachel Weisz es su Hipatia?

-Es una mujer bellísima y tiene el mismo rostro que aparecen en sus retratos de Al Fayum. Rachel tiene el talento de las grandes y me apetecía explotarlo. Tiene pasión, carisma, limpieza y honestidad, y una carrera universitaria, que aunque parezca una tontería es un punto importante para entrar en la cabeza de Hipatia.

-¿Y el británico Max Minghella y el guatemalteco Óscar Issac?

-Era difícil encontrar un actor para el papel de Orestes, porque en el filme pasa de ser un alumno educado a un prefecto romano, y ahí estaba la vitalidad e inteligencia de Óscar, y para el personaje de Davo Max era el ideal para dar vida a ese esclavo que podría ser el mejor alumno, pero que su condición no se lo permite y se revela por ello.

-¿Cómo se manejan 50 millones?

-Asusta mucho al principio porque, paradójicamente, parece poco, aunque suene grosero. La película estaba presupuestada en 70 millones, porque mi obsesión era mostrar la Alejandría de la época. He vuelto a mis inicios, con Tesis, cuando optimizaba al máximo el dinero que tenía y hacía que luciese al máximo sin perder un euro.

-¿Por qué se rodó en Malta?

-Allí se han hecho Gladiator y Troya, es un lugar idóneo. Es una isla totalmente fortificada, con clima mediterráneo y con una serie de construcciones del siglo XVIII que encajaban muy bien con la época.

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