Acción policial en la campiña

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Tanto Un funeral de muerte como esta Arma fatal, posiblemente las dos mejores comedias británicas que nos han llegado esta temporada, comparten una mirada retorcida y descacharrante a la esencia profunda y los usos y costumbres del ser británico con todos sus tópicos a cuestas. Ahora bien, si la corrección clásica de la primera nos deja un cierto regusto nostálgico que sugiere que cualquier tiempo pasado (y su forma) fue mejor, Arma fatal asume con descaro y orgullo su condición de producto de su época, de entretenimiento posmoderno en el que las maneras paródicas, hipertrofiadas y frenéticas, se exponen en primer plano con socarrona complicidad con el joven espectador de hoy. De esta manera, encontraremos aquí un inteligente cruce entre el humor british de las comedias provincianas de la Ealing o teleseries como Los Ropper o Little Britain con los esquemas y la tipología arquetípica de las buddy movies norteamericanas una mezcla, siempre autoconsciente, siempre explícita y paródica hasta sus últimas consecuencias, que viene a destapar ese polvo que se esconde bajo la alfombra de las amables maneras y los modales de una modélica comunidad rural tras la llegada al lugar de un policía con excesivo celo.

Edgar Wright y Simon Pegg (Zombies party) diseñan su divertida y arrolladora estrategia a golpe de estética de dibujos animados, montaje sampleado, afortunados gags, chistes inteligentes y generosas escenas de acción en las que, ya puestos, tampoco faltan algunos toques de festivo gore.

El conjunto, al que tan sólo podríamos poner el pero de un excesivo metraje y una secuencia final demasiado estirada, nos reconcilia con la comedia gamberra con sentido, nos libera de adrenalina destroyer y nos regala, ahí es nada, una autoparódica pasarela de conocidos actores de la escena inglesa (Broadbent, Dalton, Nighy, Coogan, Considine) dispuestos a reírse de su sombra.

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