Las noches acaban en la churrería

  • El ambiente nocturno del viernes permite bailar sin excesivas estrecheces en casi todas las casetas

Abierto hasta el amanecer. El recinto ferial registró un alto número de visitantes durante la madrugada del viernes, pero sin llegar al límite de la saturación. El ambiente nocturno comenzó en torno a la una de la madrugada, cuando los más jóvenes dieron el relevo a las familias. El éxodo de parejas con carritos para niños y la ocupación de las zonas de aparcamientos habilitadas junto al real son los mejores indicadores de esta circunstancia.

Así, el ambiente fue bastante agradable en todas las casetas, sin excesivas estrecheces. La de la peña Los 15-V y el Toro Embolao estuvieron prácticamente llenas desde el mañaneo. En esta última fue necesario entrar con invitación durante la noche, para así evitar grandes aglomeraciones.

Aunque muchas casetas siguieron el ejemplo del Toro Embolao, el nivel de visitantes registrado en el real no fue tanto como para que hubiera excesivas colas. Quien quería estar en alguna caseta, siempre y cuando no fuera una en concreto, tenía sitio y opciones de sobra.

En cuanto a la seguridad, el despliegue especial de la Guardia Civil y la Policía Local se dejó notar, con sólo una incidencia de importancia en toda la noche y que no tuvo lugar dentro del recinto. La Guardia Civil desplazó a una treintena de agentes de la Unidad de Seguridad Ciudadana (Usesic) que apoyaron a una decena de agentes locales. De hecho, resultaba difícil mirar y no encontrar un agente a la vista. A este grupo hay que sumar una media de ocho vigilantes de seguridad privada por cada caseta. Una buena fórmula para prevenir los altercados.

A partir de las cinco de la mañana las casetas comenzaron, paulatinamente, a echar el cierre. La primera en sucumbir fue la de la peña Los Churrascas. Otras, como Los 15-V, Amigos del Camino o La Espuela aguantaron hasta el último momento. Con todo, a partir de esta hora el ambiente comenzó a decaer porque fueron muchos quienes optaron por irse a la cama.

La última parada para la inmensa mayoría fueron los puestos de comida rápida -para así evitar la resaca del día siguiente- y la churrería para quienes eligieron irse desayunados a la cama.

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