Setenta años de servicio a España

  • El Rey celebra su septuagésimo aniversario reconocido internacionalmente como una figura clave de la historia. Don Juan Carlos consolidó su imagen al frenar la intentona golpista del 23-F

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Don Juan Carlos, que celebra su 70º cumpleaños, ha conseguido con firmeza, renuncia, espontaneidad y visión de futuro convertirse en el Rey de todos los españoles durante 32 años, contribuyendo así a la estabilidad de un país ahora moderno y reconocido internacionalmente. Hace apenas unos días, el Rey realizaba un nuevo ejercicio de compromiso con la Corona y se desplazaba hasta Afganistán para brindar por el nuevo año con los soldados españoles destacados en la zona en lugar de despedir 2007 en el Palacio de la Zarzuela junto a su familia, sobre todo después de un año inopinadamente convulso para la Familia Real.

Las imágenes del Rey con el uniforme militar polarizaron ese día los informativos de televisión al igual que, varias semanas antes, dieron la vuelta al mundo las imágenes en las que el Monarca espetaba el ya famoso ¿por qué no te callas? al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en la clausura de la Cumbre Iberoamericana de Chile.

El incidente, que arrastró una fuerte carga polémica, era el broche de un año muy difícil para la Corona, hasta el extremo de que don Juan Carlos se vio obligado a defender públicamente la Monarquía, recordando que ésta ha determinado "el más largo periodo de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España". Un año enormemente convulso que, sin embargo, se vio aliviado por el nacimiento de la infanta Sofía, la segunda hija de los Príncipes de Asturias.

Y es que don Juan Carlos no siempre ha podido sentir el afecto de los españoles. "El trono hay que ganárselo día a día", dijo en alguna ocasión el Monarca. Como cuando fue coronado en 1975 en un clima de fuerte división política. Los arranques de su reinado tampoco fueron fáciles. Primero tuvo que renunciar a su familia y trasladarse desde el exilio a Madrid, desconocida para él que llegaba de Italia con tan sólo diez años y con el, casi, único apoyo del general Franco.

Sin duda, su reacción ante la intentona golpista del 23 de febrero de 1981 consolidó su figura y propició que esa misma noche todos los españoles le reconocieran en su papel. "La Corona, símbolo de permanencia y de unidad de la Patria, no puede tolerar acciones o actitudes de personas que pretenden interrumpir por la fuerza el proceso democrático", proclamaba don Juan Carlos de madrugada en un mensaje dirigido a la nación, vestido con uniforme militar y en su calidad de jefe de las Fuerzas Armadas. "España, un país de larga tradición republicana, es en la actualidad mayoritariamente monárquico; o, en cualquier caso, juancarlista", constataban años después diferentes historiadores. "Don Juan Carlos podría haber sido un excelente presidente de una República", llegó incluso a opinar el legendario líder comunista Santiago Carrillo.

Sin embargo, este hecho no habría bastado por sí solo para que 27 años después el Monarca contase con el respaldo de la mayoría parlamentaria y ciudadana y pudiera seguir confesando una y otra vez su firme voluntad de servicio al país y a los españoles. Han sido muchas horas de conversaciones privadas y públicas, miles de actos dentro y fuera de España para consolidar esa confianza, avalada por su presencia y protagonismo en momentos tan transcendentales como fueron el funeral de Estado por las víctimas del 11 de marzo en Madrid o por los 62 militares muertos en Turquía.

En estos 32 años de reinado los españoles han percibido la presencia de un Rey cercano y campechano que no duda en saltarse el protocolo cuando lo considera oportuno para poder estrechar una mano o para acariciar a un niño en su recorrido por los distintos puntos de España, que el pasado año coronó con su visita a Ceuta y Melilla.

Ser el símbolo de la unidad del país le situó en la diana de ETA. En Mallorca, donde la Familia Real suele veranear, la Policía desbarataba en el verano de 1995 un intento de magnicidio. Tres terroristas planeaban asesinarle con un rifle de mira telescópica.

Las lágrimas incontenibles del Monarca cuando murió su padre, el conde de Barcelona, o la alegría de ser abuelo brindando efusivamente con los periodistas, le han acercado a los ciudadanos.

Tampoco hay que olvidar su papel como difusor de la lengua y la cultura española, viajando por los cinco continentes y abanderando los Congresos de la Lengua, o delegando en su hijo la inauguración de las sedes del Instituto Cervantes. Jefe supremo de las FAS, su paso por las academias militares le sirvió para formar su carácter y acercarse a los miembros de los tres Ejércitos, donde aprendió disciplina y a ganarse el favor de los soldados.

Su afición por los deportes, principalmente la vela y el esquí, le han ocasionado las únicas dolencias que se conocen de un Rey que, en su septuagésimo cumpleaños, goza de muy buena salud, según rezan los partes médicos de sus revisiones anuales.

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