balonmano · europeo de croacia

Una lección para soñar

  • España recupera su mejor versión defensiva en su estreno en la segunda fase ante Macedonia

  • La velocidad en ataque valió para golear al rival

Los jugadores y técnicos del banquillo celebran uno de los goles de España en su duelo ante Macedonia. Los jugadores y técnicos del banquillo celebran uno de los goles de España en su duelo ante Macedonia.

Los jugadores y técnicos del banquillo celebran uno de los goles de España en su duelo ante Macedonia. / GEORGI LICOVSKI / efe

La selección española dio un nuevo paso hacia las semifinales del Europeo de Croacia tras superar el duro test que suponía Macedonia por 20-31, en un encuentro en el que los de Jordi Ribera, liderados por un extraordinario Gonzalo Pérez de Vargas, ofrecieron una auténtica lección defensiva en el primer tiempo.

"Si queremos hacer algo en este Europeo tenemos que mejorar en defensa", una frase que, casi a modo de mantra, los internacionales españoles no han dejado de repetir desde la derrota encajada ante Dinamarca. Propósitos que, en esta ocasión, no se quedaron en simples palabras, ya que los Hispanos recuperaron la solidez defensiva que les permitió pelear por las medallas en tres últimos campeonatos de Europa.

A diferencia de lo ocurrido ante los daneses, en esta ocasión el equipo español sí se mostró como ese bloque compacto que a base de constantes ayudas y, sobre todo, de mucha velocidad de piernas logró cerrar todos los caminos posibles al gol a su oponente.

Con Morros y Guardiola al mando de las operaciones defensivas, España desmontó por completo el ataque macedonio, que ni con seis ni con siete jugadores logró inquietar a la zaga rival, tal y como confirma el único tanto (1-6) que concedió España en los primeros diez minutos de juego.

Pero la mejoría atrás no fue la única buena noticia para el combinado nacional que, por primera vez en el campeonato, pudo desplegar su veloz juego de contragolpe. Esta vez sí los Balaguer, Solé, Rivera o Ariño pudieron correr a su gusto sobre la pista para desesperación del técnico macedonio, el español Raúl González, que veía como su equipo era incapaz de contener el vendaval.

De hecho, sólo la falta de acierto en los contragolpes impidió romper definitivamente el encuentro, pero es que España robó y robó tantos balones que apenas que mejoró un poco la efectividad en el lanzamiento logró dispararse hasta los diez tantos de ventaja (5-15) en el marcador.

Pero ni con el partido prácticamente sentenciado la selección española rebajó su intensidad defensiva, como atestiguó el nuevo robo de balón que protagonizó Eduardo Gurbindo en el primer ataque macedonio del segundo tiempo. Circunstancia que permitió a los de Jordi Ribera no sólo ya conservar la renta de nueve tantos con la que se marchó al descanso, sino incluso recuperar su máxima ventaja (10-20) a falta de veinte minutos para la conclusión.

Y es que cada intento de Macedonia por reducir su diferencia se topó con la cada vez más agigantada figura de un Gonzalo Pérez de Vargas. Con la portería cerrada a cal y canto, España recuperó, incluso, la alegría para dotar a su ataque estático de la velocidad de la que ha carecido hasta ahora, un mayor ritmo del que salió especialmente beneficiado el pivote Adriá Figueras, autor de cinco dianas en el segundo tiempo. Y es que España se dio un baño de autoestima en todas las facetas del juego, un factor anímico que se antoja decisivo en las dos finales que todavía le quedan por disputar ante Eslovenia y Alemania para alcanzar una semifinales, a las que presentó claramente su candidatura.

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