Salvador Andrades o la guitarra que no sabe estar quieta

  • El maestro algecireño compatibiliza la enseñanza con la grabación de su octavo disco y sus numeros conciertos

Juan Moreno y Salvador Andrades, en El Cortijo de Guadacorte. Juan Moreno y Salvador Andrades, en El Cortijo de Guadacorte.

Juan Moreno y Salvador Andrades, en El Cortijo de Guadacorte.

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Salvador Andrades (Algeciras, 1962) tiene su nombre inscrito con letras mayúsculas en la historia del flamenco campogibraltareño. Muy atento y cordial -nada divo pese a su currículum- este músico de toque proverbial gana aún más en la distancia corta de una tertulia como la que en estas páginas se recoge. ¿Por qué? Muy fácil: demuestra desde el minuto cero una gran capacidad de escucha y concentración para con sus compañeros de conversación. Un lujazo. Hace bandera de humildad. "Yo soy guitarrista porque cuando quise darme cuenta ya estaba dentro, fue casi por casualidad", rememora acerca de sus comienzos, a finales de los 70 del siglo pasado, amparado por la infinita y ferviente afición de su padre.

Recordados nombres de la guitarra como los de Paco Martín, Andrés Rodríguez y Pepe Fernández fueron decisivos en su formación con el instrumento de las seis cuerdas. En los veranos recibió clases del mítico Antonio Sánchez Pecino, padre de Paco de Lucía, quien volvía con su prole a combatir el calor a su punto de origen vital. "Era un hombre estricto, muy perseverante enseñando. Pero sus resultados son indiscutibles y están ahí. Y con Paco de Lucía he tenido relación, claro, pero a él no le gustaba en aquellos tiempos de vacaciones que se le hablase de guitarra. Jugábamos al fútbol y tuvimos muchas conversaciones agradables hace tantos años que ni recuerdo de qué eran. Es por él que, entre otras muchas cosas, en el mundo de la guitarra solo dices que eres de Algeciras y ya te escuchan", recuerda.

El consagrado músico que es Salvador reparte su tiempo, hoy por hoy, entre la formación que imparte en su academia, la participación en los discos para los que le piden ayuda -eso provoca que se retrase el octavo suyo- y las giras y recitales que lo llevan sin parar de un sitio para otro. Acumula tres décadas enseñando a tocar ese mágico artilugio que García Lorca llamó "la redonda encrucijada donde seis doncellas bailan". Por supuesto, tiene sus referentes flamencos. Se moja al dar nombres y apellidos: "Como tocaor, Juan Habichuela. Guitarristas, José Manuel León, Vicente Amigo y Juan Manuel Cañizares y, en el cante, Camarón y Diego El Cigala. Bailando, Joaquín Cortés por el tipo de espectáculo que defiende".

Su posición en la clásica controversia entre el flamenco más tradicional o clásico y el más avanzado la tiene meridianamente clara: "La música de la guitarra ha evolucionado muchísimo, la de 1927 no tiene nada que ver con la de 2017. Se ha enriquecido y a mí siempre me ha gustado estudiar y no parar de experimentar. El cante sí ha permanecido más estático. Y la verdad es que no se ha liberado como la guitarra. A mí la crítica más purista no me ha hecho ni me hace sufrir porque puedo comprenderla, pero me da igual". Los caminos se juntan en estas tertulias. Andrades es un músico muy amante del deporte. Tiene que haber un temporal muy fuerte en el Estrecho, como el de estos últimos días, para que Salvador no se coloque gorro y bañador y se arroje a ganarle la partida a las aguas de Getares. Da igual un 1 de diciembre que un 3 de abril. "Ha llegado a granizarme nadando", subraya entre risas. Correr es otra de sus pasiones. Le ayuda a liberar tensiones como las que genera el día a día o proyectos de gran envergadura entre los que sirve como ejemplo su colaboración con el empresario José Luis Lara y el Ayuntamiento de Algeciras en el Encuentro Internacional de Guitarra Paco de Lucía. Hay seres humanos que no se saben estar quietos. Y él es uno, claro está.

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