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La Balompédica invoca su idilio con la última jornada

  • Los albinegros lograron permanencias mucho más complicadas que la que afrontan el próximo domingo tanto en Sanlúcar en 1990 como en el Municipal ante el Toledo en 1991

Manuel Monteagud y Paco Becerran festejan la agónica salvación de 1991. Manuel Monteagud y Paco Becerran festejan la agónica salvación de 1991.

Manuel Monteagud y Paco Becerran festejan la agónica salvación de 1991. / e.s.

La Real Balompédica se juega el próximo domingo (18:00) en la Nueva Condomina el trabajo de todo un año y el futuro a corto plazo de la entidad. Los albinegros, que no vencen fuera desde que lo hicieron el 28 de enero en Almendralejo, habrán salvado la categoría si derrotan al Real Murcia. En caso de empate o derrota ante el equipo pimentonero los lineneses quedan en manos de terceros bien para dejar de ser equipo de la Segunda B, bien para jugarse el descenso en esa eliminatoria de permanencia que recibe tantas y tan peculiares denominaciones. Una situación ésta de ruleta rusa en la última jornada que no es precisamente ajena para la añeja hinchada del equipo de La Línea y que inevitablemente invita a evocar otras circunstancias muy similares -en realidad bastante más complicadas- de las que la centenaria Balona salió indemne.

Entre las innumerables ocasiones en las que la Balona ha salido airosa de una última jornada en la que parecía abocada a descender a Tercera, dos destacan por lo inverosímil que se antojaban en la semana previa a su último choque: la que consiguió con el triunfo en Sanlúcar de Barrameda en 1990 y la aún más complicada de un año más tarde, cuando el triunfo ante el Toledo en el Municipal y una rocambolesca combinación de marcadores que fueron cambiando a última hora evitó que bajase de categoría.

Los hinchas esperaron en las gradas del Municipal el desenlace de la jornada

Es evidente que no son ésas las únicas pruebas que soportan la tesis de que esas últimas jornadas de infarto se les dan de miedo a los balonos. Todo eso, sin olvidar aquella agónica promoción con el Alicante que desembocó en el partido de desempate en Puertollano después de que cada uno de los participantes venciesen 3-0 como locales, o lo sucedido en la 2000-2001, cuando un tanto de Juan Carlos Rebollo sirvió para que la Balompédica eludiese, en la última jornada, el descenso a Tercera, ya que se impuso 1/0 en el Municipal al Écija Balompié, precisamente el Écija, del siempre añorado José Luis Montes.

En la 1989-90 la Balona -que encadenaba siete campañas en la categoría de bronce- había estado toda la temporada sin marcar fuera de casa hasta que en la jornada 35 hizo tres goles en Telde... y acabó perdiendo 4/3, con un penalti fallado por Currito Álvarez en el tiempo añadido y un gol materializado por los insulares cuando los visitantes hacían una piña para festejar el 1-2.

Casualidades de la vida, en la penúltima jornada, en un partido a cara o cruz, la Balompédica se ganó el derecho a depender de sí misma al vencer 2/0 al Badajoz.

El técnico pacense era el ex balono José María Martín Doblado (hoy presidente de la Federación Almeriense de Fútbol), que durante la semana barajó la posibilidad de no desplazarse. Fue recibido con una cariñosa ovación y afirmó al final que era "la derrota menos amarga" de su carrera.

Una semana después (27 de mayo de 1990) La Línea tomó Sanlúcar, que estaba inmersa en plena Feria de la Manzanilla, con el presidente local, Manolo Cabo, diciendo a boca llena que le agradaría que los linenses ganasen el partido y siguiesen en la categoría, lo que le valió para recibir no pocas críticas.

La realidad es que el partido no fue ni muchos menos sencillo. El Atleti (la leyenda dice que porque algunos de sus jugadores estaban primados por el Estepona, que también peleaba por eludir el descenso), dirigido por un jovencísimo Pedro Buenaventura que años después se sentaría en el banquillo de la Balompédica, se empleó con extrema dureza y el triunfo albinegro (¡el primero a domicilio de toda la temporada!) alcanzó tintes casi heroicos. Un gol de Ahumada tras una fenomenal jugada de Antonio Pacheco propició el triunfo a los visitantes, que una vez finalizada la jornada supieron que el empate les hubiese bastado para alcanzar su objetivo.

La fiesta comenzó en los vestuarios de El Palmar, se trasladó a las calles más cercanas del estadio y alcanzó su punto álgido un par de horas más tarde, con mil linenses celebrando la salvación en la venta Los Gallos de Alcalá de los Gazules.

"Ni la Balona desaparece ni yo me voy", sentenció el presidente, Manuel Monteagud, que fue incapaz de seguir las evoluciones de la segunda mitad del encuentro en la grada, por lo que se refugió en los vestuarios.

Era la plantilla de los Domingo, Juano, Berenguer, Cristóbal, Pacheco, Aparicio, Arias, Arreitu, Charli, José Manuel García, Javi Vales, Agustín Cabrera, Ormaechea, Ordás, Álvarez o el mencionado Manolo Ahumada.

No hubo paréntesis. La andadura 1990/91, también bajo la presidencia de Manolo Monteagud, devolvió al equipo linense a las angustias finales. Con el asturiano Álvaro Rodríguez Alvarito al frente, empezó líder tras vencer al Ceuta (3/0) en la primera jornada. Una derrota una semana más tarde precisamente en El Palmar supuso para los muchos aficionados que se desplazaron un regreso a la cruda realidad.

Fue una de esas campañas de sinsabores, con Alvarito relevado durante exactamente dos meses para después regresar al cargo por un cuanto menos singular tándem Pacheco-Leblanc y con una última jornada de miedo. O mejor sería decir de pánico. Por entonces no existía la mal llamada promoción y el peor 15º clasificado de los cuatro grupos se iba a Tercera.

La Balompédica ganó al Toledo por 3-1 con goles de Miguel Ángel, Francis y Julio Medina y evitó el descenso en el Municipal, pero necesitó que no ganasen ninguno de los implicados en el grupo II para evitar despeñarse. Dos goles en el coeficiente general permitieron a los linenses alcanzasen su objetivo, aprovechándose, además de otros marcadores, de una derrota del Izarra, que ganaba en el minuto 89 de su partido.

Los futbolistas, que se habían marchado entre lágrimas a la caseta porque en el instante de finalizar el partido de La Línea estaban descendidos, siguieron el desenlace de los otros partidos por Radio-5, mientras los aficionados hacían lo propio en las gradas, recibiendo la señal de la emisora a través de la megafonía. La plantilla tuvo que regresar al césped para compartir la explosión de alegría de sus incondicionales.

Pablo, Mancilla, Ismael, José Manuel García, Cabrera, Arias, Da Silva, Javi, Lucendo, Eguileor, Elorduy, Miguel Ángel, Francis, Felipe, Julio Medina y Chema Serna eran inquilinos de aquel vestuario.

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