La prisión muestra por unas horas su lado más humano

  • Doscientos niños se reencuentran en Botafuegos con sus padres y madres en una jornada festiva y de convivencia donde hubo actividades de animación y regalos

Antonio Casas, David o Jordana Bouziane son tres de los 110 internos de la cárcel de Botafuegos que ayer pudieron disfrutar del encuentro de convivencia que, con motivo de la Navidad, se organiza desde hace siete años. Era mediodía y el pabellón bullía con los gritos de los más pequeños que correteaban por las instalaciones que los reclusos disponen para realizar actividades deportivas, o se deslizaban por el castillo hinchable que el equipo de animación había preparado para divertir a los hijos de los internos.

"Aquí los protagonistas son los niños", indicaba José Félix Fernández, coordinador de Trabajo Social en la prisión. La jornada comenzaba a las ocho y media de la mañana. A partir de entonces empezaron a llegar los primeros familiares que iban a compartir un día "especial". A la puerta les acogía el grupo de animación Event´s que iba entreteniendo a los pequeños "para que la espera se les haga un poco más amena".

Tras pasar los controles de identificación, se producía el encuentro familiar. Sólo podía acceder un adulto por cada uno de los internos, pero sin límite en cuanto al número de niños, de entre dos y trece años.

Teatro, música y diferentes actividades, todo ello rodeado de un ambiente lo más festivo posible. Se trataba de hacer agradable esta visita a los niños. Y es que muchos de ellos no han visitado la prisión nunca, dijo Fernández.

En total 200 pequeños y a cada uno de ellos se les entregó un juguete. Francisco Carrascal, presidente de la Asociación Reyes Mayos 98 fue el encargado de aportar estos presentes. "Hay que pensar en la carita que se le pone a los niños cuando se les da el regalo, eso es lo más bonito del mundo", decía. Él apoyado por la Fundación Márgenes y Vínculos. Allí estaban Ana Perles y Begoña Arana, responsables del programa de reclusas de la fundación. Ellas, que realizan de lunes a viernes talleres con las internas, han aportado ayer otro grano de arena.

María Díaz, coordinadora de la Agencia Andaluza del Voluntariado del Campo de Gibraltar, se sentía muy orgullosa de poder colaborar en una actividad "tan entrañable, pero a la vez un poco dolorosa". Otra mano importante es la de María Rosillo Guerrero, voluntaria de Victoria Kent y de Capellanía Católica, que allí estaba ayer trabajando como viene haciendo desde hace unos veinte años con los reclusos de la prisión. Nos mostraba alguno de los trabajos realizados en talleres. Tampoco hay que olvidar la labor de los educadores ni la del cuerpo de vigilancia del centro.

Mientras tanto, saludamos a Antonio, hoy se ha reencontrado con dos de sus cinco hijos y con su mujer. La droga es la culpable de que lleve cuatro años y medio en prisión y aún le queda un año o año y medio. Pero dice que ha aprendido: "Es muy duro, mi hijo, el pequeño, que está aquí saltando, tiene cinco años y cuando le dejé era un bebé".

Pero la vida sigue. También para Jornada, de 22 años, francesa, aunque de origen argelino. Lleva 17 meses interna y 19 sin ver a su hija. Su ex pareja y padre de la pequeña la abandonó en la Aduana cuando volvían de Marruecos con el equipaje. Allí había droga.

Y así muchos ejemplos. Pero ayer fue un día algo especial para "potenciar las comunicaciones de las personas privadas de libertad con el exterior. Se trata de un acercamiento en estas fechas tan entrañables, de pasar, cuanto menos, un día distendido y agradable", explicaba el director del centro Francisco Márquez.

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