Un domingo único y especial

  • Miles de personas vuelven a cumplir con la tradición llenando las casetas y las calles del Real

  • Las altas temperaturas retrasan los picos de mayor afluencia al final de la tarde

Por miles había que contar ayer a las personas que pisaron la Feria Real de Algeciras. El Domingo por Sevillanas estalló como marcaban todos los pronósticos tanto en público como en calor. Las temperaturas del mediodía, básicamente insufribles, hicieron que las calles principales del recinto Antonio Quintero lucieran a medio gas hasta bien entrada la tarde, cuando ya se hacía difícil caminar entre la gente. Eso sí, las casetas en su mayoría rozaban el lleno. Por la sombra caminaban los pocos que se atrevían a desafiar al sol y los abanicos no paraban de agitarse.

Con templanza despertó el recinto ferial tras su primera noche oficial de fiesta, la del sábado. Los camiones de Algesa iban baldeando las calles asfaltadas mientras en algunas casetas quedaban aún por recoger los restos de la noche y los camareros se conjuraban ante lo que venía.

El día grande entre los grandes fue ayer, el denominado Domingo por Sevillanas, aunque da igual los apellidos que se le pongan al único domingo que le queda a esta Feria Real, porque ya sea especial o rociero los algecireños lo siguen viviendo como saben. Es el día de quedar con los amigos, los de verdad, es la jornada que todo algecireño feriante y visitante sabe que no se puede perder.

Las ganas de empezar la fiesta eran evidentes y muchos ya se habían contenido de salir la noche anterior para disfrutar del día. La calle Volantes fue abriendo la jornada entre mesas de playa y neveras mientras en los bares de alrededor el cupo de clientes estaba al completo haciendo el agosto en pleno junio.

En las casetas el panorama era muy parecido, pero sentados. Cientos de mesas reservadas para comer y beber con tranquilidad, algunas mesas para más de 25 personas como en la Peña Miguelín, convertido en un comedor multitudinario. Era el día en el que lo que menos había que mirar era el bolsillo. Los almuerzos se fueron alargando por el inoportuno calor entre pequeños soplos de aire.

Sobre las cinco de la tarde la faena ya empezó a trasladarse a las casetas discoteca, que son prácticamente una veintena, aunque muchas de las consideradas tradicionales echaron a un lado las mesas para dejar espacio al baile. Los grupos de música en directo fueron el gran reclamo por aquello de dar espectáculo más allá de sentir una radio sonar.

Conforme avanzaba la tarde más gente se iba sumando a la fiesta. Miles y miles de personas volvieron a cumplir en un domingo extraordinario. Las calles dibujaban un bullicio espectacular creando ríos de personas. Los jóvenes que hacían el botellón en La Reconquista desde el mediodía desafiando a las altas temperaturas fueron encaminando sus pasos hasta la Feria.

Sobre la ocho de la tarde se hacía difícil ir de una caseta a otra porque las colas volvían a hacerse protagonistas. El ambiente empezaba a confundirse entre los que llevaban horas y los más mayores que llegaban para disfrutar de su Domingo por Sevillanas, pero sin sufrir el calor. Las atracciones se llenaron de adolescentes y familias con hijos a los que le tocaba cumplir también con los más pequeños.

Los operarios de Limpieza estuvieron al pie del cañón durante toda la jornada, al igual que los agentes policiales que transitaban por el Real tanto andando como a caballo dando la sensación de seguridad necesaria.

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