Los miedos y sus efectos centran la segunda cinta de Corbacho y Cruz

  • Tras la sorpresa de 'Tapas', los cineastas vuelven al Festival de Málaga con una película que deja espacio abierto al debate sobre la incomunicación, la relación entre padres e hijos y la violencia

Con un precedente como la deliciosa Tapas no se podía esperar menos de los realizadores Juan Cruz y José Corbacho. Ambos volvieron ayer al Festival de Málaga, del que recibieron la Biznaga de oro por su ópera prima, para presentar Cobardes, su segundo largometraje. A través de una historia de violencia escolar, los cineastas han querido bucear en un sinfín de miedos de los que no se salva prácticamente nadie. Miedo a recibir una paliza de tus compañeros de clase, a que tu jefe te despida, a que tu partido te de la espalda. Pero, sobre todo, miedo a perder a tu familia, a no entender a tu propio hijo, a defraudar a los que te rodean, a no encontrar la salida. Un grupo de jóvenes actores se codea con Lluís Homar, Elvira Mínguez, el malagueño Antonio de la Torre y la revelación Paz Padilla en este largometraje.

A través de una propuesta de Filmax sobre un tema de tanta actualidad como es el bullying (acoso escolar), los directores comenzaron a trabajar sobre la idea. Metieron una cámara en un instituto y los propios chavales pudieron opinar sobre el guión. "Quisimos llegar a una película sobre la incomunicación, la alienación social a la que nos somete la tecnología", dijo Corbacho. El punto de partida sirvió a los autores para "hacer un retrato de personajes cotidianos, de pequeños problemas", añadió el director.

Sociólogos, profesores y psicólogos ayudaron a los también guionistas en la labor de aportar verdad a una historia que precisamente se vale de ella como motor principal. "También nos interesaba otro concepto: el ver que los chicos acosaban de manera natural, sin ponerse en el lugar del otro ni pensar cómo le puede estar afectando", comentó José Corbacho. Y la conciliación laboral con la vida familiar tiene mucho que decir a lo largo de todo el largometraje. "Para mí, un tema importante es el que hay alrededor de la maternidad", subrayó la actriz Elvira Mínguez, que interpreta a una periodista que no es capaz de comprender lo que le pasa a su hijo, que aunque es víctima de los abusos de sus compañeros, éstos intentan convertirlo en verdugo. "La cinta te hace plantearte, como individuo, que igual la maternidad no es tan idílica, aunque esto sea algo que ni se atreven a pensar", añadió. Los jovencísimos Eduardo Garé y Eduardo Espinilla son la cara y la cruz del conflicto más palpable. "He visto el bullying, como testigo, durante toda mi vida y cuando leí el guión me di cuenta de que lo habían afrontado de manera muy verosímil", confesó Espinilla. La respuesta se la da la otra generación, la de los profesores y los padres. "Este tema me pone los pelos de punta porque se trata de una realidad muy grave, difícil de manejar, y me satisface mucho poder aportar un pequeño granito de arena", aseguró Lluís Homar. Su pareja en la ficción, Paz Padilla, ha sido la gran apuesta de Cruz y Corbacho para sacar de la actriz un registro dramático. "Hace tiempo que tenía este sueño, que alguien me diera la oportunidad de cambiar", recordó Padilla, una mujer que intenta sostener la armonía de un hogar en el que, como en todos, la línea que separa a los malos y los buenos es definitivamente muy fina.

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