OBITUARIO

En memoria de Antonio Viñas de Roa

Antonio Viñas de Roa. Antonio Viñas de Roa.

Antonio Viñas de Roa. / e. s.

Querido Antonio: Te has ido como querías, durmiendo. Nos has dejado un vacío muy difícil de rellenar y un sentimiento de dolor verdadero, irremediable, e inolvidable que destroza todas nuestras vidas y que cuando intentamos recomponerlas de algún modo, vemos que, después de lo ocurrido, nuestras vidas ya se han convertido en algo irreconciliable con respecto al tiempo anterior.

¿Por qué? ¿Y por qué con tan solo 49 años en toda tu plenitud? Eres la persona más brillante e inteligente que he conocido. Tú, una de las personas más honestas que he encontrado en mi vida. Tú, el amigo, el socio, el confidente, el referente en la vida profesional, el cariñoso compañero con la sonrisa más amable que he conocido, que te iluminaba el rostro. Tú, el padrino de nuestra hija Susanita, a la que seguirás protegiendo desde el cielo. Nos dejas: "Umbrío por la pena, casi bruno / porque la pena tizna cuando estalla / donde yo no me hallo no se halla / hombre más apenado que ninguno". Así canta el gran Miguel Hernández la pérdida de su amigo del alma.

Se nos ha ido un amigo, un crack, un hombre de pocas palabras, pero directas e inteligentes, siempre pendiente de los demás con un corazón que no le cabía en el pecho. Un abogado con mayúsculas, defensor de los más débiles, Quijote de las causas perdidas, "David contra Goliat". Siempre te gustó lo difícil. Te tendremos por siempre en nuestra memoria. Se ha marchado un historiador de lustre, coleccionista empedernido de antigüedades, con una cultura faraónica sobre la antigüedad clásica y un profundo sentido religioso católico. Te has dedicado a cambiar el hastío por generosidad, a sembrar alegría y prosperidad por donde pasabas, a desparramar abundancia. Contando para ello con una familia ejemplar, oriunda de Almodóvar del Campo (Ciudad Real) y afincada en Algeciras, que siempre te apoyó hasta tus últimos alientos, nada que no te merecieras... Tu fina inteligencia te ha granjeado por doquier y por donde pasaste respeto y admiración -privilegio de los que te conocimos-. Tu sentido del humor socarrón y humano era adictivo, y señalaba tu calidad humana.

Amigo Antonio Viñas, eres irrepetible y lo sabes. Quedarán consternadas muchas personas, tus entrañables padres ya mayores, a los que profesabas un cariño rayano en la pasión; tu hermano Javier, tu confidente; tu cariñosa hermana Elena; tus sobrinos, a todos los tenemos muy presentes en estos momentos tan trágicos y dolorosos, tan especialmente duros. A los íntimos nos está siendo muy difícil asimilar y asumir este trago. Sé que nadie nunca podrá llenar tu sitio porque el vacío que dejas es inmenso e irremplazable.

Querido Antonio Viñas de Roa, el Colegio de Abogados de Cádiz y los que formamos parte del mismo tenemos motivos sobrados para estar orgullosos de haberte tenido entre sus miembros más soberbios. En Algeciras y el Campo de Gibraltar, donde más ejercías de abogado, has dejado una impronta imborrable. Tantos años haciendo el bien dejan poso. Allá donde vas, que será sin duda el cielo, puede que te encuentres con otros grandes como tú, pero ninguno tan sencillo y cercano. No merecías morir, no tan pronto. Tenías todavía tanto que dar...

josé luis ortiz

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