"No tengo ilusiones, pero es mi misión y tengo que cumplirla hasta última hora"

  • El patriarca de los versos algecireños presenta a sus 85 años 'Cármenes', la obra en la que convoca toda su producción publicada. La cultura de la ciudad aplaude a un "referente de la poesía andaluza"

De repente Manuel Fernández Mota suelta palabras muy crudas, pero ni con ellas abandona su porte señorial, de bastón recto y mirada profunda. Don Manuel o Manolo, el patriarca de los versos algecireños, exuda dignidad en cada gesto. 85 calendarios tras de sí, es considerado por muchos uno de los mejores poetas andaluces de los últimos 50 años, gracias a la vasta producción que ha convocado en Cármenes. Ayer en Algeciras presentó la obra, la reunión de toda su poesía publicada, rodeado de la familia y los amigos que le dieron "latidos y sueños". De Destellos del barro, su primer libro, a Tres joyas del sur, de 2004, "40 años de lucha ante el papel en blanco", en expresión de Juan Emilio Ríos Vera. Hace décadas Algeciras acunó a quien hizo hijo adoptivo en 2006. Nació en Sayalonga (Málaga), cuyos montes y campos fueron "su Universidad" y donde también acudirá a mostrar Cármenes. "Es un referente de la poesía andaluza", abundó Inmaculada Nieto antes de recibir su beso. Según Ríos Vera, "su calibre inmenso de poeta" se materializa en una obra ya indispensable para las letras algecireñas. Don Manuel habla de ella y de sí mismo.

-¿Cómo y por qué surge Cármenes?

-Indudablemente que tenía que llegar un libro que reuniera mi obra poética completa, como llegará una hora que reúna la otra también. 20 libros. Lo empecé hace más de tres años, a ordenarlo, porque a continuación de cada uno van las críticas (de José Luis Cano a Leopoldo de Luis) que he podido conseguir de esos libros. Más de tres años para ordenarlos y volverlos a revisar, además coger lo que tenía disperso.

-¿Pensó en introducir algo inédito?

-Todo lo publicado.

-¿Es mucha la producción que no tiene editada?

-Sí, tengo alguna.

-¿Tesoros guardados en el cajón?

-No, en el cajón no, en el ordenador.

-¿Y?

-Yo no pienso publicar más poesía a no ser que alguien... ya veremos. Yo estoy muy bien. No tengo gusto para nada, esa es la verdad. Desde que murió mi hijo y mi mujerý En la obra va una novedad, un libro con los poemas de Rincón de Isla, que se publicaron aquí en el periódico. Lo he metido yo como un libro. No se ha publicado como tal, sino en Europa Sur.

-¿En general está satisfecho con el resultado?

-Sí, muy contento. Está muy bien. Es un tomo grande, cerca de 800 páginas. Encuadernado en piel y grabado en oro el escudo por detrás, como agradecimiento a mi pueblo, de donde soy pobre y electo, y a este pueblo que es donde soy hijo adoptivo. He puesto los escudos de Algeciras y Sayalonga, que ellos no lo sabían, aunque ni lo han pagado.

-Eso me han comentado.

-Vamos por partes. Lo ha pagado tipografía Mazuelo. Cuando se encontró que los libros no ibaný 'no, no, no, esto sale'. Pero yo ahora naturalmente tengo que pagárselo a tipografía Mazuelo y los libros por eso se van a vender.

-Es un libro que recopila la obra de toda una vidaý

-No, no, no, no. Recopila la obra de poesía publicada por mí, pero no la obra de poesía que está dispersa en prensa, antologías o en otros libros dedicados.

-Lo digo por el hecho de reunir trabajos antiguos ¿En el proceso echó la vista atrás y pensó en lo que hace tiempo que no pensaba?

-Yo no pienso en nada, ni deseo nada ni quiero nada. Lo siento mucho. Ahora lo acepto todo y tengo que llevar mi misión con dignidad hasta última hora.

-¿Cuál es su ilusión con este libro?

-No tengo ilusiones de ninguna clase. Lo acabo de decir. No tengo ilusiones, pero es mi misión y tengo que cumplirla.

-¿Ya no surge la poesía todos los días?

-Yo no he vuelto a escribir poesía. La última vez que escribí no puedo ni decírsela porqueý no, no, no, qué va, qué va. Bueno, en estos últimos años he paseado solo por la playa y cuando ya no podía estar me llevaba mi lápiz y ahora cuando me he dado cuenta y he mirado en el ordenador pues tengo allí un libro de poemas últimos, pero procurando no tocar mi vida íntima, o sea, reflejándola, pero no tocándola porque a nadie le interesa mi dolor.

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